PEÑA NIETO, EL PEOR PRESIDENTE

02 octubre, 2012

Escribe ALEXIA INCÓMODA

La clase política mexicana no tiene remedio.

Y hablamos de toda la clase política: partidos, dirigentes, líderes, legisladores, gobernantes, funcionarios públicos, representantes populares, cabilderos y “cuadros” en espera del ascenso.

Nadie se preocupa realmente por el país, todos apuestan al fracaso de quien ostenta el poder en turno.

Lo hace el PAN y el PRI en el DF, ahora en Morelos y después en Tabasco, los “gobiernos progresistas” fracasen, como ocurrió ya en Tlaxcala, Zacatecas, Guerrero, Baja California Sur y Michoacán. Claro, y lo hacen sin que se esfuercen mucho, porque la mediocridad de las administraciones “izquierdistas” repitieron el mismo esquema de corrupción.

Lo hizo el PRI y las izquierdas en todas las entidades que ha gobernado el PAN: en Chihuahua, Nuevo León, Aguascalientes, San Luis Potosí, Yucatán, Baja California, Tlaxcala, Jalisco, Sonora, Sinaloa y Guanajuato. Igualmente, los priístas tampoco se esforzaron mucho para sacarlos y evidenciarlos como igual o peor de corruptos.

Al inicio alternancia en la Presidencia de la República, no pocos se esforzaron en apostarle al fracaso de los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón. Ahí están los resultados.

Hoy pasa lo mismo. Un gobierno no ha nacido aún y ya tiene opositores de todos los tamaños y niveles que le apuestan a su fracaso.

Ya es el de Enrique Peña Nieto el peor presidente en la historia de México; y lo será si llega a cumplir todas las malas expectativas de quienes apuestan a su fracaso.

Lo hace, por su propia naturaleza,  Andrés Manuel López Obrador. Lo hace también por su condición, Marcelo Ebrard. Del PAN, aún no se identifica quién será el líder que apuesta por el fracaso del nuevo gobierno, pero una vez que Felipe Calderón deje el poder, no cabe duda que emerjan esos liderazgos.

En el movimiento progresista y en el incipiente Morena, a nadie le importa ganar ningún debate político ni siquiera hacer una estrategia inteligente para contener a las corrientes neoconservadoras incrustadas en el PAN y el PRI; los partidos que integran el Movimiento Progresista, de plano y nomás por este momento, siguen alimentando a un monstruo político que cada vez se parece más al justicialismo argentino: esa extraña mezcla de pragmatismo con oportunismo y una rebozada ideológica de neopupulismo disfrazado de “izquierda”.

in duda, estos errores les serán cobrada en las urnas a ellos, como partidos y a Andrés Manuel como líder, pero el costo para los mexicanos puede ser muy alto ante la ausencia de un auténtico partido de izquierda que haga contrapeso al pensamiento único de las derechas.

En el PRI no hay otra señal que la conquista de la franquicia que les genere altos réditos económicos desde el poder presidencial. Ya las ratas de antaño se lamen los bigotes para saborear de nueva cuenta el presupuesto federal y la red de perversidades que por más de 70 años dominaron a este triste país.

Por ello, los priístas de viejo cuño se dejan coquetear por los poderes fácticos y hasta dejan que cachondeen a Enrique Peña Nieto como el prototipo del liderazgo que México requiere. Esperemos al tiempo un nuevo capítulo en la trama de la telenovela política del 2012 con este partido decolorado.

Y en el PAN, el supuesto partido que deja el gobierno, tampoco cantan mal las rancheras. Además de no saber qué hacer con su proyecto político, ahora deberán lidiar con el grupo Guanajuato, el cual está afinando las baterías para que asuma el control total del partido y busque reventar y doblegar al PRI y a Peña Nieto a cambio de “sus apoyos”. Dicen los yunques del Bajío que así tendrán en sus manos, como ocurrió con Zedillo y Salinas, el rumbo del país sin el desgaste de estar al frente de la administración federal.

En estas condiciones, el próximo gobierno será un total fracaso; en los próximos meses, tendríamos algo que podría bautizarse como la Presidencia Sísifo, en relación con aquél personaje de la mitología griega a quien le atribuyeron muchas obras y acciones, pero que también representa uno de los emblemas más trágicos de la condición humana, y cuyo caso sirvió para uno de los ensayos filosóficos más interesantes escrito por Albert Camus.

Y es que Sísifo fue famoso por su astucia de haber vencido adversidades, virtudes, riquezas e incluso de  regresar de la misma muerte; sin embargo, este mítico personaje es reconocido por su desmedida avaricia y decir verdades a medias a los seres supremos, lo cual lo llevaría a enfrentar el más cruel de los castigos: después de haber regresado del infierno.

Hermes, el mensajero de los dioses y padre de la alquimia, hizo regresar a Sísifo a ese lugar y, cuesta arriba,  fue obligado a empujar una enorme piedra hacia la cúspide, pero, como cuenta Homero en La Odisea, antes de llegar a la cima, la piedra siempre rodaba hacia abajo para que Sísifo volviera a empezar una y otra vez hasta que pagara su castigo.

México no es Sísifo, pero ha logrado vencer adversidades, tiene enormes virtudes y riquezas, pero la clase política, desde tiempos ancestrales, han sido su gran carga. Esa clase política es mentirosa, oportunista, corrupta, sin estatura, sin compromiso con el país ni con nadie.

Como Sísifo, México cae una y otra vez al fondo.

Difícil se prevé la lucha del próximo mandatario mexicano por ganar la confianza de todos los actores de la clase política nacional. Muy complicado tendrá sostener una legitimidad que le dure todo el sexenio. No bastarán actos de impacto mediático de unos meses para que su Presidencia no fracase.

No faltará un día o un mes que tenga una manifestación social en contra. Los mensajes son claros de quienes mueven a las masas: o acaba con el viejo partido, con los monopolios, con la vieja clase política y las viejas componendas o esas marchas se multiplicarán y el país no jalará con él. Pero también por otro lado le dirán: si le mueves, prepárate para el peor de los infiernos.

Por todo lo anterior digo, que como Sísifo, México entrará a un juego interminable de ensayo y error hasta el final del próximo sexenio. ¿Así o más bonita nuestra clase política?

alexiabarriossendero@gmail.com

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