MÉXICO 2030 Y LOS POBRES

03 octubre, 2012

Escribe ALEXIA INCÓMODA

La pobreza es un mal que atraviesa a todos los mexicanos. No hay ciudad, comunidad, barrio o pueblo que se salve de tener pobres; no hay familias que no tengan un pobre; un pariente pobre. Los estados donde este fenómeno es más marcado son, entre otros, Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, Campeche, Puebla y Tabasco. Éstos se encuentran entre los primeros lugares en desnutrición, insalubridad, analfabetismo, deserción escolar, desigualdad social y, sobre todo, de emigración.

Son estados pobres por el saqueo de que fueron y siguen siendo objeto en pleno siglo XXI. Las reservas nacionales de aguas dulces y petroleras se encuentran en sus territorios. Si Chiapas, Veracruz, Tabasco o Campeche fueran independientes, nada más por la riqueza de sus recursos naturales, sin duda, su situación sería otra en materia de desarrollo económico. Por cierto ¿ya han oido hablar de llamada República de Tachicam (Tabasco, Chiapas, Campeche)?

En su momento, Chiapas, Oaxaca y Puebla fueron considerados por los europeos como los lugares ideales para vivir y crecer. No en valde los conquistadores asentaron sus reales en estas entidades. Guerrero posee uno de los más variados ecosistemas y playas de las más espectaculares del mundo. Quintana Roo, además de Cancún, el lugar donde más se trabaja en el país, con un promedio de 46 horas semanales, por encima del DF.

Pero son entidades inexplicablemente pobres. Son entidades donde los últimos años han vivido gran inestabilidad social y política. Son entidades que deben doler a todos los mexicanos porque ahí se encuentran incrustrados muchos intereses  que impiden al resto de la población a participar de su riqueza.

En 1994, el alzamiento neozapatista nos recordó la deuda con los indígenas de Chiapas. Ese mismo año, Tabasco incubó la confrontación de dos personajes, Roberto Madrazo Pintado y Andrés Manuel López Obrador, misma que trascendió al ámbito nacional, en un capítulo con harto sabor a petróleo que aún no concluye para el segundo.

En 1998, José Murat llegó a Oaxaca para borrar todo el trabajo realizado por los gobiernos de Heladio Ramírez y Diódoro Carrasco y para regresar a los oaxaqueños, de la mano de su otrora incondicional, Ulises Ruiz, a las primeras planas de los escándalos nacionales. Hoy, Gabino Cué, sin cuadros formados y preparados para gobernar por parte de los partidos que lo llevaron al gobierno, no le ha quedado otra más que arar con los bueyes que estaban al servicio de los ex mandatarios.

En Guerrero, cuando por fin los ciudadanos pudieron echar al viejo caciquismo del PRI figueroista de su casa de Gobierno, la sangre no dejó de correr por las acciones de los grupos de poder fáctico acostumbrados a negociar de otra forma con sus gobernantes hasta que doblegó primero a Zeferino Torreblanca y después hizo que la propia izquierda regresara al PRI al poder desde la figura de Ángel Heladio Aguirre Rivero.

Y qué decir de las frivolidades y bajas calificaciones de los gobiernos veracruzanos de Dante Delgado, Patricio Chirinos, Miguel Alemán y Fidel Herrera. O del otrora góber precioso Mario Marín, quien se autoproclamó, a través de la revista Cambio como  “el líder de una nueva generación de priístas”. De risa loca. ¿A alguien se le olvidó Mario Villanueva Madrid, extraditado a los Estados Unidos y de quien dicen ha cantado más que Vicente Fernández en su gira de despedida?

Ahora que el presidente electo no tardar en convocarnos a pensar el México del 2030, habrá que recordarle que el sur también existe. Pero también recordarle que para cambiar al sur debe empezar por cambiar su forma de mirar al sur.

Hace unos años, el entonces gobernador de Aguascalientes, ex flamante senador de la República por el Partido Acción Nacional, muy profundo sintetizó la percepción que tienen algunos mexicanos: “el norte trabaja, el centro piensa y el sur descansa”.

Nada más equivocado, porque, curiosamente, un alto porcentaje de los casi 12 millones de migrantes que trabajan en los Estados Unidos provienen de los pueblos del sur del país.  Las remesas de los migrantes mexicanos en Estados Unidos alcanzó cifras estratosféricas año con año, al grado que después del petróleo y el turismo son la principal fuente de ingresos del país.

En el 2006, por ejemplo, las aportaciones de las remsas de mexicanos en EUA fue similar al costo que pagaron varios países para ingresar al pacto económico de la Unión Europea y, si sumáramos las remesas durante el foxismo, de casi 95 mil millones de dólares, sería equivalente a lo gastado por el Plan Marshall.

Gracias a las remesas, según el Consejo Nacional de Población, más de un millón de mexicanos salieron de la pobreza entre el 2001 y el 2011. Esas transferencias monetarias representan entre el 36 y el 50% de los ingresos totales de los hogares que las reciben.

La capacidad productiva de nuestros migrantes, de nuestros excluidos del modelo económico, son más efectivos que todos sus programas sociales. Algo grave tiene nuestro país y estos datos así lo demuestran.

¿Por qué estos más de 12 millones de mexicanos producen más riqueza que los se quedan? ¿Por qué son capaces de producir y ser parte del motor de la economía más grande del mundo, mientras que en su país de origen son calificados como  rémoras de la economía nacional y, peor aún, nuestros gobernantes y dirigentes los tratan como objeto de compasión y clientelismo?

¿Por qué estos mexicanos que viven en los estados más xenófobos de la Unión Americana, como California, Texas, Illinois, Arizona,  Colorado y Nuevo México, han sido capaces de no sólo de trabajar en un clima de hostilidad permanente sino  de alzar su voz al mismo Tío Sam para exigir el respeto a sus derechos?

Este día arrancan los preparativos de los foros para el Plan Nacional de Desarrollo 2012-2018. La convocatoria establece que es para construir un proyecto compartido de país y para erradicar la pobreza. Con ello, de algún modo, los nuevos gobernantes reconocen el fracaso de los últimos sexenio que han excluido a un gran número de mexicanos del desarrollo de la nación. Si no son simulados ni arreglados, a través de sus foros, se dará cuenta de la situación real que priva en el país y de por qué el candidato Andrés Manuel López Obrador obtuvo 15 millones de votos en el 2006 casi igual cantidad en 2012.

Peña Nieto debe saber que si el México 2030 no corrige estas incongruencias, puede terminar igual o peor que los foros de consulta popular de Miguel de la Madrid o el proyecto Visión 20-25 de Vicente Fox, los cuales también pretendían un país de ensueño.

alexiabarriossendero@gmail.com

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