UNA LIMOSNITA, POR EL AMOR DE DIOS

18 septiembre, 2012

Escribe DONATELLA DE JUIR

Estimados amigos; hoy me doy cuenta de que nunca es tarde para mejorar y superar nuestro propio pasado. Luego de una semana en la que celebramos nuestra Independencia, voy cayendo en la cuenta de que para que Huamantla pueda despegar hacia el progreso, es indispensable cambiar muchas cosas.

Uno de los aspectos que nos urgen modificar es el de la imagen que mostramos a cientos, miles de visitantes que, desde que Huamantla fue declarado Pueblo Mágico, llegan los fines de semana y pasean por los muchos lugares que tenemos.

Sin embargo, me detendré un poco a reflexionar sobre un asunto muy espinoso, pero que es urgente solucionar, si realmente queremos ser un pueblo progresista y lleno de oportunidades para todos sus habitantes.

Esta ocasión me referiré a un fenómeno que, hasta hace poco, era muy poco visible en nuestra querida tierra: los limosneros.

Fuego abrasador

De un tiempo a la fecha es posible ver por todas las calles de Huamantla, a una gran cantidad de personas que piden limosna; desde los infaltables hermanos centroamericanos que buscan “una moneda, porque no he comido madrecita”, hasta las personas con capacidades diferentes que tienen en la caridad un modo de vida.

Quizá lo que sea menos reprobable es que alguien que tiene necesidad (ya sea porque no tiene trabajo o por su propio contexto), recurra a la “limosna” para poder subsistir, ya no digamos decorosamente. Simplemente para subsistir.

Pero la proliferación de personas que en otros tiempos no se veían en nuestro Pueblo Mágico, es señal de que las autoridades municipales no han hecho lo indispensable para procurar oportunidades de empleos dignos para todas las personas.

Brasas

Lo que más me llamó la atención es que ahora existe un grupo de personas invidentes que, armados con una bocina portátil y un reproductor MP3, andan por las calles cantando y bailando y esperan, a cambio, unas monedas de las personas que transitan por las diferentes calles en las que acostumbran a ubicarse.

No es un pecado que haya gentes invidentes. Tampoco es un pecado que ante la falta de empleo para un ciego o débil visual se recurra a esta práctica.

Lo que llama la atención es que ahora, estas personas están completamente organizadas. Y eso me hace pensar sobre la posibilidad de que existan personas sin escrúpulos que, aprovechándose de la necesidad de otros, los organicen y exploten a través de prácticas muy comunes en las grandes ciudades.

Y hoy, tanto el sistema municipal para el Desarrollo Integral de la Familia, como la dirección de Desarrollo Económico, brillan… por su ausencia.

Es inaudito que no existan acciones no sólo para contrarrestar esta práctica, sino para poder brindar a dichas personas la oportunidad de desarrollarse en alguna área laboral con dignidad.

Tizones

Bien es sabido por todos que uno de los problemas a los que se enfrentan dichas personas es al “choteo” que se ha hecho de una práctica caritativa y solidaria con quienes carecen de los medios necesarios para ser autosuficientes.

Desgraciadamente hemos podido constatar que hay muchos vivales que, apelando al sentimiento, realizan prácticas como estas, a pesar de que viven con los satisfactores indispensables para una vida digna.

Son muy conocidas las historias en Huamantla, de personas que fueron conocidas por caminar todas las calles de la ciudad y que, una vez muertas, fueron encontradas en sus casas donde guardaban mucho dinero que recolectaron en su práctica de pedir “limosna”.

Rescoldos

Por eso es urgente que por lo menos las instituciones de seguridad social se avoquen no sólo a investigar a estas personas sino, sobre todo, a generar un programa que les permita tener mayores y mejores oportunidades de vida.

Posibilidades hay muchas, pero es indispensable que nuestras autoridades municipales demuestren por qué están en el lugar que ocupen y generen  todo un programa con el cual se les brinde atención suficiente y de calidad a quienes viven “de la limosna”.

Con el título de Pueblo Mágico se hace prioritaria la puesta en marcha de un programa social que atienda a este sector de la población, especialmente para demostrar que en nuestra ciudad hay atención a personas con capacidades diferentes y que tienen las mismas oportunidades que quienes nos creemos “normales” o “completos”.

Así que insistiremos en este tema, para ver si quienes están al frente del DIF municipal desquitan su sueldo en acciones que se ven y se sienten.

Así que hasta la próxima, amigos.

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