24 septiembre, 2012
* Es necesario redoblar esfuerzos.
Las voces de alarma, anunciadas por Brenda Sánchez Castro, delegada estatal de la Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (Semarnat), y de Amada Acoltzi González, gerente estatal de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), no son sino el reflejo de una deficiente política federal en materia de protección de zonas boscosas que se suponían protegidas.
Los datos ofrecidos por un diario de circulación estatal muestran una realidad que a todos nos debe preocupar: en las inmediaciones de los bosques de Terrenate y Tlaxco operan más de diez aserraderos (con permiso o semiclandestinos); en las faldas de la Malintzi (considerado Parque Nacional), los campesinos continúan con la operación de hornos para la producción de carbón vegetal; en Nanacamilpa y Calpulalpan, propios y extraños practican el robo de madera de los bosques que son el lugar de millones de luciérnagas.
Y a pesar de ello, una tibia respuesta por parte de la delegación estatal de la Semarnat: demandó a los tres niveles de gobierno a dar seguimiento puntual a las denuncias. Peor es el dicho de la gerente estatal de la Conafor: los daños a las riquezas naturales son irreversibles en algunos casos.
A nivel estatal, el desempeño de las instancias encargadas de estos asuntos no es mejor; sobre este punto se evidencia una escasa vigilancia de personal de la Coordinación General de Ecología en todas las áreas boscosas de la entidad; y, desde otro frente, la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente (Profepa) no cuenta con los instrumentos legales necesarios para actuar con mayor rigor.
Sumemos a estos problemas la escasa, sino es que nula educación en materia ecológica que reciben miles de alumnos en todas las escuelas de la entidad. Lo que ha provocado que, en los últimos veinte años, Tlaxcala haya perdido unas veinte mil hectáreas de bosques.
El 50% de la superficie boscosa de la entidad presenta grados .de erosión muy severos debido al inadecuado manejo de los suelos, pero a pesar de todas estas cifras, no hay coordinación entre las autoridades federales, estatales y municipales, para tomar medidas que permitan solucionar un problema severo, en el que es indispensable una actitud más comprometida, más allá de los simples discursos y lamentaciones de los funcionarios.
Es tiempo, todavía de tomar las medidas necesarias. Pero deberán estar pensadas no para solucionar los problemas actuales, sino para enfrentar los contratiempos que, en el corto y mediano plazos podemos vivir. Se requiere una visión de futuro para contrarrestar esta pérdida que podemos lamentar en las siguientes dos décadas, en caso de que se mantenga esta inactividad y pasividad en el control y cuidado de nuestras zonas boscosas.