HACIA UN NUEVO SINDICALISMO

05 agosto, 2012

* Es necesaria una nueva visión

Claras violaciones a la Ley y la colusión entre sindicatos y el gobierno de Tlaxcala (en la era panista de Héctor Ortiz) son el resultado del quebranto que sufre Pensiones Civiles de Tlaxcala y que tiene pendiendo de un hilo la gobernabilidad de Tlaxcala.

El reporte presentado a través de www.indicemedia.com.mx con el título Pensiones en Shock, es una radiografía que refleja el nivel de corrupción con que se manejó una institución que en su origen está colmada de bondad.

Las anomalías sustentadas en documentos validados y corroborados, demuestra que en los últimos ocho años abarcan jubilaciones a partir de los 27 años de trabajo (aunque la norma limita a 30 años de antigüedad); pensiones que obtendrían el 100 % de los aumentos (como si fueran empleados en activo, contra el 40% que marca la Ley).

Otras irregularidades abarcan la pensión por invalidez a partir de los 10 años de servicio, cuando esta invalides se da por causas ajenas al desempeño de su trabajo (mientras que la norma jurídica establece 15 años para esta prestación).

Pero no sólo eso, también está el dispendio que implica el pago de 52 días de bono de productividad para el magisterio, aún y cuando la ley establece 40 días para otorgar esta prestación, o pagar otras prestaciones que están fuera de la ley, pero que incrementaron la carga económica en detrimento de Pensiones Civiles de Tlaxcala.

A todo eso sumemos los préstamos onerosos y escandalosos que se realizaron a personas afines al régimen panista que van de los cinco mil pesos hasta 1.4 millones de pesos.

Por eso se hace indispensable el llamado para que todos los actores involucrados en este conflicto social, retomen las negociaciones necesarias para destrabar un déficit que pondría en jaque no sólo a la institución sino a las finanzas de todo el estado y, con ello, se pone en riesgo el crecimiento de Tlaxcala.

Pero sobre todo, es indispensable que los sindicatos, que son utilizados como instrumentos de presión política y no como representación de los intereses de los trabajadores asuman la responsabilidad que les corresponde en este conflicto y que participen de manera activa en la aportación de propuestas de solución.

En los países desarrollados, los sindicatos han asumido un rol en el que, más preocupados por el bienestar a largo plazo de sus agremiados, han propuesto a los gobierno una disminución de sueldos y prestaciones a cambio de no poner en riesgo el empleo de sus agremiados.

Hoy es tiempo para que los líderes sindicales demuestren de qué madera están hechos y qué están dispuestos a hacer: si mantener su postura intransigente y necia o convertirse en verdaderos actores con visión política para  resolver un problema que pone en riesgo la estabilidad política de Tlaxcala.

La historia está por escribirse, falta ver quiénes quiere inscribir sus nombres en esas páginas, y con qué rol lo quieren hacer.

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