PRD: SER DE IZQUIERDA SIN MORIR EN EL INTENTO

09 julio, 2012

Escribe ALEXIA BARRIOS G.

En la actual coyuntura política, en que difícilmente Andrés Manuel López Obrador podría echar atrás la elección y construir en el corto plazo el escenario que le permita llegar a la Presidencia de la República, las izquierdas partidistas poco han analizado hacia su interior en qué ocurrirá el día de mañana.

Hoy por hoy se encuentran contrariadas sobre a quién responsabilizar por su fracaso electoral inmediato en la Presidencial; y sólo en ésta, porque en las gubernaturas y en el Congreso lograron triunfos importantes.

Sin embargo, todos saben que su futuro, su agenda y la viabilidad de sus proyectos históricos también están analizándose y puestos de frente al escrutinio “del pueblo”. Por ello, las izquierdas partidistas deben iniciar su revisión ideológica y política para redefinir su propio futuro antes de que éste termine por rebasarlos.

Aun ganando López Obrador en un nuevo proceso electoral, el debate es urgente y necesario. En México, desde 1993 el PRD no ha vuelto a discutir con seriedad su ideología y proyecto de país.

Las corrientes de pensamiento y de acción política que realizan las izquierdas, por lo regular, no son aisladas ni desapercibidas en la agenda nacional de los países donde se ubican, pues en ellas descansan gran parte de la discusión y el motor de las reformas sociales que emprenden los gobiernos. Baste señalar que en nuestro país, las izquierdas socialistas, comunistas y en cierto modo las anarquistas, han sido fundamentales en los momentos claves de la historia como la Reforma, la Revolución, la filosofía social de la Constitución de 1917, la reorientación de los gobiernos emanados del movimiento de 1910 –como ocurrió durante el mandato de Lázaro Cárdenas— y la apertura democrática de los años 70 del siglo pasado.[1]

El momento actual ha obligado a las izquierdas, en especial a las que están en el PRD, a llevar a cabo un proceso de revisión que, como sucedió y sucede en otras partes del mundo, podría derivar en nuevas corrientes de pensamiento, de alianzas políticas y de ubicación de actores.

Pero, dadas las circunstancias, ¿este proceso modificará sólo a la izquierda o alterará a todas las fuerzas políticas, sociales y económicas? ¿Cuál será la agenda de la izquierda que surja de su revisión y cómo será recibida por la ciudadanía? ¿Qué izquierdas surgirán de esta revisión? ¿Qué visión de país estará en debate en la agenda de discusión de estas izquierdas?

El Mapa de las Izquierdas y el PRD

Las izquierdas habían estado del lado de las causas populares, obreras y campesinas; en la promoción de la justicia distributiva y la equidad de género; en la construcción de comunidades autogestivas y en la defensa de los ideales por encima del poder por el poder mismo. Su filosofía se fincaba, principalmente, en cinco grandes corrientes: el socialismo democrático europeo, el marxismo del comunismo soviético, la revolución china, la teoría de la dependencia y el guevarismo latinoamericano. Sus respectivos métodos de lucha, las relaciones con el poder y las propuestas de sociedad mantuvieron a las izquierdas en constantes disputas dentro de sus partidos, grupos, intelectuales y gremios.

Fue la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas la que permitió que la mayor parte de las corrientes de la izquierda mexicana se unificaran entorno a su liderazgo:

1.- La izquierda del PRI, como semilla principal del Frente Democrático Nacional (FDN) y de la fundación del PRD; ésta surgió más por estar en desacuerdo con el rumbo económico neoliberal que tomaba el país que por el método de selección del candidato presidencial. La defensa de los principios del nacionalismo revolucionario fue el eje que los integró en su movimiento. Esto es fundamental porque la oposición al neoliberalismo fue lo que nutrió al PRD de cuadros valiosos provenientes de otras corrientes de pensamiento.[2]

2.- La izquierda aliada del PRI, como lo fueron el Partido Popular Socialista, el Partido Socialista de los Trabajadores (después PFCRN) y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana. Ésta encontró en Cárdenas la oportunidad de tener un candidato propio, de incrementar su presencia en el Congreso y de comenzar a independizarse de los dictados del sistema, algo que logró con creces, aunque su pragmatismo terminó por contaminar al propio partido.[3]

3.- La izquierda universitaria que lo mismo agrupaba a dirigentes sindicales y estudiantiles, que a corrientes de pensamiento eternamente encontradas, como los trotskistas del Partido Revolucionario de los Trabajadores, los maoístas de la Organización de la Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas, los socialdemócratas del Movimiento de Acción Popular (MAP) y los marxistas-leninistas del extinto Partido Comunista Mexicano [que para entonces había derivado del PSUM al Partido Mexicano Socialista (PMS)]. Un punto y aparte es el Movimiento Al Socialismo (MAS), del que formaban parte el llamado Grupo Universidad surgido del CEU y el CAU de la UNAM. Hoy, no se sabe si el movimiento #YoSoy132 transite también el mismo camino.

4.- La izquierda social, ubicada en algunos sindicatos nacionalistas, agrupaciones campesinas y organizaciones del movimiento urbano popular, en su mayoría surgidas después de los sismos de 1985 en la Ciudad de México. Tal fue el caso de Nueva Tenochtitlan la Asamblea de Barrios, UVD-19 de Septiembre, entre otras, y más recientemente, los demandantes de vivienda del Frente Popular Francisco Villa.

Digamos que en términos generales estos fueron los que dieron vida al proyecto político del PRD, el más acabado de las izquierdas partidistas hasta nuestra época.

La alta votación obtenida por el FDN, que desplazaba al PAN como segunda fuerza política nacional en 1988 y luego en 1997, permitió a la mayoría de estas agrupaciones contar con una serie de beneficios que antes difícilmente hubieran logrado por sí mismas: posiciones en el Congreso, prerrogativas públicas para financiar sus actividades, acceso a los medios de comunicación e incidencia en la conformación de una agenda política y legislativa. Dos oportunidades más se le dieron a esta izquierda: en el 2006 y en el 2012, como segunda fuerzas política nacional. ¿Volverán a desperdiciar este bono ciudadano?

Los beneficios de la unidad en un solo partido (el PRD) siempre han sido mayores y mejores, pese a las marcadas diferencias con que trabajaron en los primeros años; pero esta unidad también sería su perdición por su incapacidad para desterrar el caudillismo de sus filas.

La Ideología Confusa

Cuando se traspasó el registro del PMS al FDN y se dio paso a la fundación del PRD, los partidos y las ideologías que le dieron origen terminaron diluyéndose y surgieron las corrientes internas (tribus) bajo los liderazgos de Cárdenas, Muñoz Ledo, Heberto Castillo, Amalia García y Mario Saucedo, principalmente. Por supuesto, las llamadas “tribus” (concepto aceptado vulgarmente por los mismos dirigentes perredistas) buscaron posiciones para puestos de elección y de dirigencia en el naciente partido. Pese a que la unificación de las izquierdas permitió que avanzaran en la conquista de posiciones dentro del Congreso y municipios, su postura ideológica carecía de un sentido concreto; la autodenominación de “un partido de izquierda” en su tercer congreso nacional no clarificó nada al respecto.

El caudillismo de Cárdenas y la línea de confrontación de los liderazgos alternos rompieron con la lógica de un partido democrático y progresista, provocando fracturas que a la larga han pesado. De sus filas salieron integrantes del MAP como José Woldenberg, Rolando Cordera y Luis González de Alba; ex comunistas como Gilberto Rincón Gallardo y Jorge Alcocer; ex priístas como Porfirio Muñoz Ledo y Ricardo Valero. Ellos y otros más no han cesado de criticar la deformación del proyecto del PRD.[4]

Hay que destacar que el ascenso de Andrés Manuel López Obrador al liderazgo de las izquierdas, prácticamente sustituyó el caudillismo de Cárdenas por el de éste. La lucha postelectoral de 2006 devino en crisis electoral para todo el PRD, debido a que todo se concentró en un solo hombre, en su voz unilateral y liderazgo vertical (“Sólo hay algo peor que el PRI: el PRD”, dijo AMLO a uno de sus ex grandes aliados al que confío su hartazgo con el perredismo).

Desde entonces el PRD y hasta apenas esta elección, había sufrido descalabros electorales y, peor aún, la lucha intestina (“cochineros” y “chuchineros”) los habían alejado de la ciudadanía al grado de que de los tres partidos principales en México, el PRD fue el más rechazado y con mayor imagen negativa en todo el país. Hoy, al ver cómo se quieren tumbar la elección presidencial del 1 de julio, muchos ciudadanos han expresado: no tienen remedio. [En este mar de golpes e insultos, el porrismo de pseudoizquierda en las redes sociales y en las calles, viene a abonar más los motivos del rechazo social.]

Las disidencias en el PRD, la aparición de nuevos proyectos políticos, la insurrección del EZLN, del EPR, del ERPI y de otras agrupaciones radicales, así como el ascenso de movimientos sociales no partidistas pero ideológicamente situados a la izquierda, han dejado entrever que si bien el PRD representó un salto importante en el mapa político, la confusión de sus ideales y la pérdida de sus objetivos dejaron grades vacíos en la sociedad en lo que se refiere a sus demandas y expectativas de cambio.

Resulta paradójico que la expectativa del triunfo presidencial de López Obrador en el 2006 fue proporcional al incremento de la anulación ideológica del partido –cada vez se definió más como partido de centro y en algunos temas incluso hasta coincidente con la derecha conservadora— y a la proliferación de nuevas opciones de izquierda que disputan el mismo mercado electoral.Entre ellas se encuentran el PT, Convergencia (ahora Movimiento Ciudadano) y el entonces Partido Social Demócrata y Campesino. Para completar la escena, el EZLN ha decidido trabajar políticamente en el país y desde el interior mismo del PRI se esfuerzan por orientarlo a la izquierda.

Algo que no debe pasarse por alto es la postulación de políticos que muy lejos estaban de la izquierda, es el caso del propio Marcelo Ebrard y Manuel Camacho Solís, siempre autodefinidos como “de centro”. O más aún, a alguien que fue clave en las reformas económicas y políticas neoliberales durante el gobierno de Ernesto Zedillo, el ahora gobernador electo de Tabasco Arturo Núñez Jiménez.

La actual administración federal, al igual que el sexenio de Vicente Fox, es ejemplo de la poca efectividad de la derecha en el gobierno, sin duda amplió el espacio para que diversas agrupaciones quieran situarse en la izquierda. La gran interrogante es qué tipo de izquierdas surgirá, qué agenda habrá de defender, bajo qué matiz y qué concepción del mundo.

Las Izquierdas en la Era del Pensamiento Único[5]

El replanteamiento ideológico de las izquierdas en México no es ajeno a lo que sucede en el mundo, en especial en Europa occidental y América Latina; en ambos continentes los partidos y líderes de izquierda han tenido importantes incidencias, entre ellas el rechazo a la Constitución de la Unión Europea y promoción del eje social Sur-Sur [Sudamérica y Mundo Árabe].

La agenda internacional de la izquierda en estos últimos lustros ha sido lo bastante clara para trabajar en la construcción de proyectos altermundistas de desarrollo, la mayoría de ellos distantes de la utopía de sociedades sin clases sociales y de las filosofías políticas encontradas en el pasado. Para el interés de México y de América Latina, los temas que están en revisión son, entre otros:

* La crisis del modelo de la globalización económica que ha permitido el ascenso al poder de gobiernos izquierdistas por la vía democrática, conformándose el “eje social” sudamericano de Brasil, Bolivia, Ecuador, Argentina, Uruguay, Panamá y Venezuela, además de que en Centroamérica está El Salvador y Nicaragua. Si bien ideológicamente son de izquierda, sus modelos y estilos tienen matices muy diferentes al interior de sus países y, en lo regional, cada uno tiene elementos distintivos. Los grandes capitales y el gobierno estadounidense han buscado su debilitamiento y acotamiento a las directrices de sus intereses; sin embargo, esta reacción ha tenido un efecto boomerang pues de alguna forma ha acelerado el fortalecimiento de las izquierdas y la construcción de mecanismos que les impide su caída como quisieran algunos.[6] Ante los observadores internacionales, México con López Obrador, podría ser clave para el fortalecimiento de este eje.

* El hostigamiento de las patologías globales –narcotráfico, terrorismo y fundamentalismos— sin duda, es un tema que los gobiernos no han logrado resolver a fondo y del que han tenido que cuidarse para evitar confusiones en el orden mundial. [7] Este tema ha sido poco referido por las izquierdas mexicanas; a lo mucho han reiterado su alineamiento a las disposiciones del orden hemisférico dirigido por Estados Unidos. Cuestión de revisar las recientes giras del candidato presidencial y de la dirigencia del PRD.

* Las izquierdas han tenido que recurrir al poder político y económico de los migrantes latinoamericanos, tanto en los Estados Unidos como en Europa. En elecciones recientes de Centro y Sudamérica, como nunca antes, el poder de los migrantes fue determinante para modificar o consolidar la correlación de fuerzas al interior de los países de la zona. La aprobación del voto de mexicanos en el exterior y los resultados adversos hasta ahora obtenidos, obligará a los partidos de izquierda a replantear su tradicional y gratuito antiyanquismo para atraer a esta nueva clientela.

La izquierda global que se está construyendo no es la misma que hace más de un siglo planteó un mundo socialista.  Ahora, desde el poder, ya no ofrecen el paraíso pero sí buscan otras alternativas menos ambiciosas pero más efectivas para romper con la inequidad de la globalización económica. El sueño no es tan ambicioso ni tan de largo plazo, pero en algunas zonas está dando resultado. Habrá que esperar a que en México nuestras izquierdas definan los temas prioritarios y los cómos para que el electorado tenga a bien evaluarlos.

Tendencias

Las tendencias iniciales en el escenario mediato y de largo plazo para las izquierdas en México,  brindan los siguientes indicadores:

1.- El monopolio de la izquierda mexicana ya no será exclusivo del PRD, pues su proyecto ha tenido una desviación sustancial: en el ejercicio de gobierno ha tenido que correrse hacia el centro; para mantenerse y alcanzar el poder presidencial ha recurrido  y recurrirá al pragmatismo, sacrificando principios y aliándose a actores disímbolos. Su necesidad de crecimiento y de acceso al poder superior dejará un saldo de inconformes y desprendimientos, como ha sucedido en distintos países del mundo.[8]

2.- Para el PRD como el PRI, el reto inmediato, en caso de orientar a la izquierda sus propuestas económicas, sociales y políticas, será construir una alternativa que les permita mantenerse en la línea impuesta por el mismo TLCAN y, en la medida de lo posible, tender puentes al “eje social” de los gobiernos izquierdistas de América Latina. La agenda de gobierno en esta lógica, será sumamente complicada para quien llegue al poder, pues desde 1994 el país dejó de mirar al sur y muchos de los gobiernos del sur no ven ya a la izquierda mexicana como su aliado. Sin embargo, la discusión podrá estar a la orden del día, sobre todo en asuntos energéticos y de defensa de la democracia como sistema. México, con un mandatario ubicado en este espectro, modificará la correlación de fuerzas en el continente, aunque su posición sea demasiado acotada por la presión de los Estados Unidos.

3.- Regresará la proliferación de nomenclaturas de la izquierda pero de un modo distinto, con una agenda muy focalizada a temas torales del mundo global y de la realidad de grupos minoritarios. Los viejos debates por ideas, serán sustituidos por la defensa de intereses de  minorías (género, diversidad sexual, derecho individual a decidir) y de libertad de pensamiento (libertad y permisividad a toda expresión), entre otros.

4.- La construcción  de una alternativa de izquierda pura para acceder al poder presidencial podrá iniciarse, pero difícilmente concretarse en el mediano plazo, pues todo depende de la eficacia que demuestre el PRD como partido y como gobierno. La edificación político partidista más cercana que podría esperarse sería la socialdemócrata, ubicada por ahora tanto en el PRI, como en ex Convergencia (ahora Movimiento Ciudadano); el PT no, porque está en otra lógica más verticalista y casi totalitaria.

5.- El ascenso del liderazgo de Marcelo Ebrard como potencial candidato de las izquierdas para el 2018 y la probable llegada de Miguel Ángel Mancera al GDF, dado el peso político que tendrán, modificará de nueva cuenta al PRD como a ningún otro partido. Sus figuras tradicionales e históricas trascenderán inevitablemente para dar paso a nuevos tipos de liderazgos y de propuestas. Su eficacia

6.- El espacio para una oposición radical al poder desde la izquierda está abierto y permite, por lo mismo, que fuerzas altermundistas entren al ruedo político y electoral (ojo con los estudiantes). Dichas fuerzas intensificarán las jornadas de resistencia y de presión hacia los gobiernos de cualquier signo ideológico, para incidir en la agenda exterior de sus mandatarios. La vinculación de su agenda nacional a la agenda regional será una constante.

alexiabarriossendero@gmail.com


[1] Al respecto se recomiendan los textos de Arnoldo Martínez Verduzco, Historia del Comunismo en México, editorial Grijalbo; de Arnaldo Córdova, La revolución en crisis. La aventura del maximato, Editorial Cal y Arena; y de Sergio Zermeño, México una democracia utópica, Siglo XXI editores.

[2] La izquierda del PRI permitió al FDN contar con bases sociales de apoyo, pues anteriormente ningún partido había logrado articular organizaciones campesinas nacionales, a sindicatos y a otros gremios.

[3] De hecho, la candidatura de Cárdenas surgió primero en estos partidos hasta entonces conocidos como parapriístas; al final se sumó el PMS, que terminó cediendo su registro oficial.

[4] Asimismo, con todo y que amplios sectores perredistas recibieron con aplausos la aparición del EZLN en 1994, en los hechos el grupo armado vino a acelerar la crítica y a remarcar la diferencia entre la izquierda ideológica y militante, y una organización clientelar y electorera como el PRD.

[5] La categoría ideológica de “pensamiento único”, desde la izquierda, se refiere a la inercia con que se aceptan socialmente  los intereses de un conjunto de fuerzas económicas mundiales. De acuerdo con esta aceptación, sus fuentes principales son las grandes instituciones económicas y monetarias como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, la Organización Mundial de Comercio, etc., que emplean a numerosos centros de investigación, universidades, medios y fundaciones para refinar y extender el modelo económico único para el planeta: el neoliberalismo.

[6] La democracia como vía para acceder al poder se ha convertido en la gran fortaleza que tienen estos gobiernos para no repetir la experiencia que en el pasado los derrocó. Hugo Chávez es más que elocuente para ilustrar este caso que, de algún modo, se quiso repetir en Brasil con Lula y en Argentina con Kirchner, con movilizaciones e inconformidades de sus propias bases sociales de apoyo.

[7]Los acercamientos de los países árabes con Sudamérica fueron descalificados a priori por grupos de poder estadounidense que alertaron sobre los riesgos de que el terrorismo se infiltre en estos acuerdos birregionales, lo que fue parado de inmediato por los gobiernos de Lula y Kirchner.

[8]En España, el PSOE sufrió los desprendimientos de IU y de la UGT; en Brasil el PT perdió al MST; en Argentina el PJ se alejó de sus bases sociales.

 

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