14 junio, 2012
Escribe JAVIER CONDE GUTIÉRREZ
El jueves pasado bastó escuchar las palabras de Alfonso Sánchez Anaya, en la estación de radio FM Centro de Apizaco, para recordar aquel 1998, cuando ganó la gubernatura de Tlaxcala con una alianza conformada entre el PRD, PT y el PVEM.
Y es que los tlaxcaltecas recordamos cómo el otrora abanderado priísta Joaquín Cisneros Fernández, perdió la oportunidad ante un Sánchez Anaya quien recurrió a todo tipo de artimañas, para arrebatarle el poder a su expartido que gobernó por 70 años.
Dicho resultado electoral generó un hecho sin precedente en la vida política moderna no sólo de Tlaxcala sino del país, ya que la entidad era el primer estado en que una alianza opositora de izquierda generaba la alternancia en el Poder Ejecutivo Local.
Es importante resaltar que en dicho año, el ahora candidato a la presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador fue quien amarró dicha alianza que le permitió gobernar a la izquierda de 1999 a 2005.
Basta rememorar que en dicho proceso electoral, Sánchez Anaya no tenía posibilidad alguna de ganar la gubernatura de Tlaxcala, pero dicen que obligatoriamente tenía que cumplir un mandamiento de la exgobernadora Beatriz Paredes Rangel.
Aún circulan versiones de que la priísta articuló una estrategia para evitar que Cisneros Fernández llegara a la gubernatura, pero el principal objetivo era mellar la carrera política de José Antonio Álvarez Lima, con quien tiene marcadas diferencias políticas.
El efecto rumor
En 1998, sin el avance de la tecnología el equipo de Sánchez Anaya, apoyado por una empresa encuestadora y un periódico local generaron todo tipo de suspicacias, por la forma en cómo manejaron los sondeos en un tramo de la campaña electoral.
Tanto Sánchez Anaya y sus aliados emprendieron una estrategia a fin de apuntalar al candidato de las izquierdas dentro de las preferencias electorales y lograron su cometido. En la recta final del proceso electoral el expriísta posicionó su candidatura.
El efecto rumor abonó para que Alfonso Sánchez obtuviera el triunfo ante un indisciplinado Joaquín Cisneros quien jamás ha querido reconocer que su adversario fue más hábil. El ahora candidato al senado arrastra la sombra de su pecado.
La valía de mi comentario radica en que las encuestas hechas a modo no son las mejores consejeras porque simplemente engañan a quienes las mandan a hacer. Y las que se publican por parte de medios de comunicación en muchas veces tienen una tendencia mañosa.
Y repito nuevamente a escuchar a Alfonso Sánchez Anaya, dando resultado de encuestas me recordó a 1998, cuando los sondeos manipuladas o no influyeron en la decisión del electorado tlaxcalteca.
La ansiedad del exgobernador de no morir políticamente hablando es mucha porque de ganar la izquierda mexicana el primero de julio, seguramente veremos a un Sánchez Anaya, así como a su esposa ocupando algún cargo público en el ámbito federal.