10 mayo, 2012
Escribe EVA ESPINOSA
El toreo, como la vida, como el amor, sólo merece la pena si se corren riesgos.
La madre es una mujer de casta. No había nacido aún el torero más torero y ya vivía en su vientre, y le daba patadas para que abriera la puerta de la vida.
Quería nacer, ser niño, aprender a decir mamá. Anidó dentro de su seno a ese chaval a oscuras, hasta que dio a luz. Esperó nueve meses y después brotó del enigma de la fecundación. Le engendró con amor. Vela callada el fuego de la vida de su hijo torero.
En una emocionante tarde de toros partía plaza una madre, que nos espera a porta gayola, con chicuelinas y verónicas toreando las travesuras, para rematarnos con el de pecho, con un mejor juego.
Un puyazo lleno de cosquillas y crecerte a la diversión, con banderillas llenas de caramelos. Un muletazo natural para enviarnos a cenar y a bañar, para culminar su gran faena enviándonos a dormir y besar nuestra frente, alcanzado su gloria del deber cumplido, con amor generoso, que solo esa torera arraiga en su sangre bravía.
Tu mejor faena mujer es ser Mamá, una mujer con coraje que siente el fuego de la pasión en la llama; es dura como un miura, pero también noble y con gran trapío, es símbolo de fuerza y perseverancia, es la madre de la verdad del toreo: ¡Brindo por ella!…
Enhorabuena a todas esas grandes Toreras, que solo saben torear con el corazón.