27 mayo, 2012
Escribe SAMANTHA CONDE HUERTA
Huamantla: lugar de árboles alineados (…), hombres corruptos y jóvenes con la firme ilusión de conseguir un mejor futuro. Las elecciones del dos mil doce han provocado que cada uno de los habitantes del municipio pongan más atención a los asuntos políticos a los que no se habían fiado antes; aunque este fenómeno dure solo durante el tiempo de campaña.
En muchas ocasiones, como jóvenes nos metemos en problemas por apoyar a uno o a otro candidato, siempre con la intensión de formar parte del ya muy mencionado “cambio”, creemos en sus propuestas e intentamos convencer a quienes aún no se deciden de que “él” o “aquel” es mejor que los contrincantes. Realmente creemos que existe una oportunidad para mejorar el futuro de nuestro país.
Los adultos cansados de la misma cantaleta nos tachan de ingenuos, pero aseguran que tenemos todo el potencial y energía para poder hacer algo, aunque ese algo la mayoría de veces sea pegar y repartir propaganda de los candidatos y hacer llegar sus propuestas a oídos de más ciudadanos, a pesar de que podemos hacer más, pero ¡no!, nos falta experiencia.
Mucho aseguran que los jóvenes somos el presente y futuro de México haciéndonos responsables de lo que ocurre en todos los ámbitos económicos, políticos y sociales, pero sinceramente creo que con esto solo se deslindan de las responsabilidades que les corresponden desinteresándose por lo que hagamos o dejemos de hacer, pero si algo sale mal, todos reclaman
El país ha alcanzado un estado de crisis permanente en los últimos casi treinta años, pero por un momento dejemos a un lado a los partidos políticos y pensemos (…) ¿Qué hemos hecho nosotros ciudadanos por mejorar nuestra situación social, económica, educativa, de salud y de seguridad?
Criticamos tal propuesta y apoyamos la que mejor nos convenga, pero cuando pasan las elecciones seguimos siendo parte de la corrupción, seguimos uniéndonos al crimen organizado y conservamos esa actitud pasiva que hace que el gobierno nos antenga con un kilo de frijoles.
No podemos permitir que el país se derrumbe frente a nuestros ojos y quede en pedazos entre nuestras manos, manos que alguna vez se llenaron de gloria, manos que consiguieron la libertad, manos que se llenaron de llagas para alimentar a una nación completa. Mi camiseta no es azul, ni tricolor, ni amarilla, mi camiseta lleva un águila devorando una serpiente que posa sobre un bordado de laureles.
Estamos a prácticamente un mes de que nuestro voto sea contabilizado y tomado en cuenta para seguir escribiendo la historia de un país de gente fuerte y trabajadora que no se rinde a la primera, nosotros ¡vamos con todo!