04 mayo, 2012
Escribe MANUEL ADAME
Ja, ja, ja, ja. Ora si estoy que me orino en los pantalones… ¡Y pensar que ando así desde hace unos días, porque me voy enterando que el ilustre primer regidor de este Pueblo Trágico, Ramiro Vivanco Chedrahui (hijo de mi vieja, pa’ que se enteren), se ganó el Premio Nacional Tlatoani 2012.
¡Que no coma, mejor que beba! ¡Ora qué pinches inventos son esos! Si hasta parece chiste de mal gusto, aunque nos haga reír hasta miarnos juntos (cada quien en su baño, que conste, no luego me vayan a decir que soy un enfermo mental).
Y es de risa, porque según la nota publicada en un reputado diario –que leía calmadamente mientras ayudaba a mi organismo a deshacerme de los sobrantes de la comida–, el premio se lo ganó este hijo putativo de la Heroica Huamantla “mediante encuestas y sondeos aplicados a la ciudadanía”.
Ah chinga… pos a mí nunca me preguntaron ni madre. Y tampoco a ninguno de mis hartos conocidos. Es más, nunca se dio a conocer que harían esta encuesta para que pro lo menos no nos agarraran como al “Tigre de Santa Julia”.
Hasta la caca me salió más durita nomás de pura risa –porque sí me agarraron como al mencionado “Tigre de Santa Julia”–… ja, ja, ja, ja. Pero si a este primer regidor no lo conocen en ninguna familia de rancio abolengo y elevado pedorraje de esta monumental ciudá.
Bueno, con decirles que este señor, rara vez está en la oficina de regidores y, de acuerdo con lo que cuentan en los pasillos de la presidencia municipal, a este integrante del cuerpo edilicio de Huamantla le dicen el cometa, porque se aparece los días de quincena y muy de vez en cuando se aparece en algunas sesiones de cabildo.
Si cuenta la leyenda urbana que alguna vez que sus compañeros del Ayuntamiento le pidieron su apoyo para convocar a una Sesión Extraordinaria de Cabildo, el mentado regidor los mandó derechito a la “verdaderamente déjenme de estar chiflando…”
Pa’ ser sincero, si algún día me encuentro en la calle con Ramiro Vivanco, por la Virgencita Santa, me cái que no lo saludo, no porque sea yo un grosero, sino porque no lo ubico, y que conste que me precio de conocer a casi toda la prole huamantleca.
Eso sí, vea’sté que una de las gestiones por las cuales se hizo ganador de este premio nacional, el distinguido regidor huamantleco, que no es huamantleco –dicen las malas lenguas que viene de Teziutlán con ascendencia jarocha–, fue que nos consiguió tres mil arbolitos para reforestación y cinco mil plantas de nopal.
No pos así “ya chingamos”. Si lo que nos falta a los habitantes de este municipio para salir de este subdesarrollo económico en el que vivimos es que pongamos hasta empresas productoras de tuna y nopal y sembremos harto árbol… ¡como si tuviéramos la cultura necesaria!
Pero bueno, nuestro ilustre regidor ya se apuntó para ir a recebir su premiazo, en el salón Vallarta, de algún lujoso hotel de cinco estrellas, en Puerto Vallarta, y seguramente los gastos de él y sus posibles acompañantes –ya ven lo que dice el pueblo “que siguen el ejemplo de primer edil, Carlos “Berrinchitos” Ixtlapale”–, correrán a cargo de las arcas monecipales.
Todo sea por ir a recebir un premio que lo designa “el mejor regidor del estado de Tlaxcala”. Y hasta donde recuerdo es el mismo que ya dejó plasmada una frase celebre para la inmortalidad y que se la dijo preciusamente al mero preciso de Huamamntla: “Baboso rufianezco”.
¡No, pos así hasta yo quiero ser regidor! Y me cái que no nada más arbolitos y nopalitos les voy a poner a mis paisanos. Si me dan esa chambita de regidor, verán como promuevo harto el turismo con centros nocturnos y tables dances, para diversión y esparcimiento de los machines de mi pueblo y sus visitantes.
Pos total, ya con el ejemplo de Carlos “Berrinchitos” Ixtlapale, quedó demostrado que cualquier wey puede ser autoridá…