CONDENA…

06 mayo, 2012

* La autoridad y su pasividad

Los recientes asesinatos perpetrados contra periodistas del estado de Veracruz, refleja muy poco el espíritu demócrata de nuestros gobernantes, de todos los niveles y de todos los partidos políticos.

Pocas han sido las voces de los gobernantes que se han levantado para condenar unos crímenes tan cobardes como abyectos. No ha habido ni unanimidad ni seriedad para comprometerse, no con el gremio periodístico, sino con la sociedad en general en la defensa de los derechos individuales.

Quizá un ataque contra sicarios y personeros de los poderosos grupos del crimen organizado sea justificado; tal vez no se resientan las bajas cuando suceden en los bajos mundos del mundo criminal. Pero un atentado contra cualquier periodista es una ofensa a los principios más elementales de cualquier sociedad, medianamente moderna.

Quizá porque un periodista es la voz de los sin voz, la conciencia social, el soldado que arremete contra los grandes vicios colectivos… y no lo hace más que armado con una pluma o, en el mejor de los casos, con una cámara fotográfica o de video.

Del 2000 a la fecha, en México se han registrado desapariciones o muertes contra 82 periodistas, y a pesar de ello, ninguno ha sido esclarecido; en ninguno se ha observado un interés mínimo de las autoridades municipales, estatales o federales por erradicar la impunidad.

Emblemáticos resultan los casos de Chiapas y Veracruz, en los que a todas luces desde las mismas entrañas del poder político se ha emprendido una suerte de exterminio contra periodistas. Lo peor del caso es que para la “clase política”, un periodista menos es un dolor de cabeza menos, como diría Ricardo Alemán.

Por eso es imprescindible que la sociedad, toda, levante la voz. No se trata de defender a unos ciudadanos que tuvieron el encargo de informar u opinar ciertos acontecimientos; se trata de un atentado contra uno los derechos más elementales de toda sociedad: la Libertad de Expresión.

ÍNDICEMEDIA expresa una enérgica condena no sólo contra los crímenes ya cometidos, sino contra cualquier intento de acallar a quienes a través de su labor tienen la función de mantener cohesionada a esa sociedad. En ese tenor reprobamos el uso de cualquier forma de coacción en contra de periodistas y medios de comunicación.

Desde aquí, expresamos el dolor que nos ha provocado no sólo los hechos más recientes (tres periodistas muertos en el lapso de diez días) sino de todos aquellos casos en los que 82 voces, 82 plumas, han sido acalladas mediante el uso de la violencia y de las balas, en lugar de ser confrontadas con argumentos, con elementos, pero sobre todo con la verdad.

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