11 mayo, 2012
Escribe DONATTELLA DE JUIR
Estimados amigos, como siempre es un gusto saludarlos a través de las líneas de este medio. Cada vez que escribo para ustedes, siempre busco algo que sobre todo sea de interés general para quienes habitamos en este bello “pueblo mágico”.
Y esta vez no será la excepción. Fíjense, estimados lectores que, como solía decir mi santa madre, “el que nace para maceta del corredor no pasa”, se hizo más que real viendo la ignorancia y el desconocimiento de más de uno que trabaja en la presidencia municipal.
Fuego abrasador
Ustedes se habrán preguntado ¿qué rayos será ese bulto mal parado frente a la presidencia municipal que permanece “cubierto” por unas lonas todas viejas y destruidas que afean el rostro de uno de los sitios más emblemáticos de Huamantla?
Pues preguntando con una de mis muchas amigas que prestan sus servicios en la administración municipal, me comentó que se trata de una escultura que mandó a hacer el muy docto e ilustre presidente municipal, Carlos “Berrinchitos” Ixtlapale.
De plano me quedé como si hubiera recibido un balde de agua helada a media noche: sin poder articular palabra, debido a la enorme sorpresa. Y es que, no me lo va usted a creer, pero la mera verdad es que nunca me imaginé que el que (des)gobierna el municipio tuviera cierta inclinación por el arte.
Brasas
Pues esa noticia me intrigó tanto que estuve insistiendo a mi amiga para que me diera más datos acerca de la ya famosa escultura. Y si me quedé patidifusa por la impresión de conocer la inclinación presidencial por el arte; pero más sorprendida me quedé con los datos que mi amiga me fue consiguiendo poco a poco, porque, al parecer muy pocos son los que saben de este proyecto.
Primero porque al interior del (des)gobierno municipal se empeñan en ocultar el nombre del autor de la famosa obra, quizá por temor a que existan algunos curiosos que le pregunten cuál fue el costo de esa obra que, se supone debería ya lucir en alguno de los lugares de este pueblo mágico.
Aunque no veo la razón de esa precaución, pues siempre termina por saber uno lo que más tratan de ocultar nuestras autoridades. Y casi por pura casualidad, y de la persona que menos me imaginé, que me voy enterando que la famosa escultura tuvo un precio de tres millones de pesos.
Tizones
Del asombro pasé a la perplejidad. ¡Tres millones de pesos en una escultura! Era inaudito escuchar un dato de esa naturaleza. ¿Pues no que Huamantla padece un déficit millonario?, entonces ¿para qué gastar en una obra superflua tres millones de pesos que bien podrían haber sido utilizado para el pago de pasivos que engruesan la creciente deuda de la hacienda municipal?
Dicen los que saben que esa escultura irá a parar al Museo de Sitio, aunque no existe una fecha definida. El punto es que este hecho representará otro gasto adicional pues serán varias decenas de miles (sino es que algunos cientos de miles) de pesos los que se requieran para mover esa obra de arte hasta el lugar donde se supone quedará definitivamente.
Rescoldos
Pero para que vea usted que no soy egoísta y que comparto mis corajes, pues mejor le invito a respirar profundo y a tomar las cosas con calma. Resulta que hace unos días, mientras realizaba uno de mis cotidianos paseos por las calles de la ciudad, me indigné.
Tan indignada estaba que una especie de temblor obnubiló mi pensamiento justo cuando pasé, como muchos otros huamantlecos, a curiosear el motivo por el cual habían cerrado la circulación del parque Juárez, apenas el fin de semana pasado.
Fue lamentable encontrar con que la famosa escultura, pese al enorme costo que representó para el erario municipal, vino a terminar como base para sujetar dos enormes botes de cerveza inflables que enmarcaban lujosamente las celebraciones de que Huamantla fue sede de una etapa nacional de Off Road.
Cenizas
De ese grado es la ignorancia de quienes manejan los destino del “pueblo mágico” (único hasta el momento) de Huamantla. Sentí que los intestinos se retorcían violentamente de puro coraje.
¡Qué manera de tratar una obra de arte! Y más cuando tuvo un costo millonario. Y si bien es cierto que todavía falta conocer la escultura –¡no vaya a ser que nos resulte un adefesio esperpético!–, de qué estarán hechos los muy burros trabajadores de la presidencia municipal que le dieron ese trato a una escultura.
¡No puede ser que en Huamantla todavía existan personas tan ignorantes que no saben para qué se hizo el arte! Me niego rotundamente a aceptar que desde el presidente, pasando por todo su séquito de “huelepedos”, tan oneroso para las finanzas municipales, no distingan entre un montón de fierros o de piedras o de palos, y una escultura.
Más me niego a justificar a tan ignorante runfla de parásitos burócratas (¿o serán burrócratas?) que por su ignorancia no saben distinguir entre una obra de arte y un montón de fierro viejo.
Pero para no cansarlos con mis enojos, mejor ahí les dejo la imagen que me consternó casi hasta el síncope, y me despido con la consigna de saludarlos en breve por este mismo espacio.