EL SÍNDROME NOROÑA

Escribe ALEXIA BARRIOS G.

Cuando Gerardo Fernández Noroña se tiró al paso del entonces presidente Ernesto Zedillo, me dio la impresión de que su método, protagónico, había resultado efectivo.  Posteriormente, entre 2004 y 2006, tuve buenos comentarios de amigos conductores de programas de radio y televisión sobre la labor de Gerardo al frente de la Coordinación de Comunicación Social del CEN PRD.

Siempre amable, siempre dispuesto, atendiendo directamente las llamadas y resolviendo la presencia de dirigentes perredistas a las distintas emisiones dedicadas al análisis del acontecer nacional, especialmente cuando creíamos que Andrés Manuel López Obrador tenía casi segura la Presidencia de la República.

Debo reconocer que uno de los pocos dirigentes del PRD de aquel entonces que nunca perdieron piso y siempre se mostraron dispuestos a hablar y atender a quien lo solicitara fue Gerardo Fernández Noroña, a pesar de que lo que más se leía de él era sobre su radicalismo y aparente violencia.

A prueba estaba de todo estaba su lealtad al movimiento de protesta de AMLO, al grado de que cuando Nueva Izquierda ganó el CEN del PRD, éste y otros amloístas más renunciaron de inmediato para no avalar a la nueva presidencia perredista.

Como Gerardo hubo no uno, sino cientos, o quizá miles, de seguidores de AMLO que atendieron todas y cada una de sus instrucciones ciegamente. Los sesudos analistas los clasifican como su “voto duro”. El discurso disruptivo de AMLO fue entendido como señal de radicalización y “a la espera” de un nuevo giro, además de que había líneas muy identificadas o similares con los presuntos grupos armados de corte revolucionario (con excepción del EZLN, por cierto).

Es entendible el reclamo a AMLO por parte de Fernández Noroña, lo menos que le puedes exigir a un líder como él es congruencia, respeto a lo que siempre demandó: los principios. Pero ni AMLO ni su círculo cercano están  evaluando el impacto de las críticas de Gerardo, que como muchos otros están tocando un terreno complicado, que voy a tratar explicarlo.

El nombre de Pedro Pablo Uriostegui quizá hoy en día diga muy poco, pero allá por 1992 , este personaje era alcalde de Teloloapan, Guerrero, emanado del PRD, y el más radical de todos los perredistas que apoyaban al entonces “Toro sin Cerca” o “Diputado Costales”, Félix Salgado Macedonio, quien sostenía una guerra de declaraciones contra el “espurio” Rubén Figueroa Alcocer.

En febrero de 1993,  un hermano de Pedro Pablo fue asesinado y éste se radicalizó aún más y se dice que hasta llamó a tomar las armas, valiéndose en principio de la policía municipal.

Ante esta situación, Félix Salgado habría marcado su distancia, se deslindaría de él, negaría haberlo alentado a tomar las armas y a llamar a una “rebelión”.  Como era de esperarse, el radicalismo de Pedro Pablo sirvió para que el movimiento del “Toro sin cerca” se desinflara y se desprestigiara ante la población.

Sin el apoyo del “líder natural” del PRD de Guerrero y del propio PRD, Pedro Pablo al saberse perseguido por Figueroa se dijo traicionado por su partido y su dirigente, por lo que lanzó sendas ofensivas en su contra, al tiempo que huía para luego ser aprehendido en Morelos, a donde nadie de su ex partido lo fue a atender.

En estas condiciones, a la cárcel morelense acudiría… Rubén Figueroa Alcocer para darle su apoyo, un abrazo y perdonarlo al grado que hasta compadre se hicieron y de paso lo afilió al PRI, partido en el cual se convirtió en cabeza de un grupo de choque tricolor para las zonas norte y tierra caliente.

Cuando esto sucede, luego dicen que “siempre fue un infiltrado de la mafia”, pero gran responsabilidad se debió a que ni PRD ni Félix tuvieron la capacidad de comunicar y negociar correctamente con el actor en rebeldía.

Esta historia la conocí por actores involucrados en estos hechos de aquel tiempo; y estoy seguro que Gerardo Fernández Noroña la conoce, porque es un político que se informa e investiga.

Como Pedro Pablo hay muchos otros ejemplos de actores y organizaciones que se creen a pie juntillas el discurso radical de sus dirigentes y lamentablemente nunca falta el que  actúe “por iniciativa propia” que quiera tomar la iniciativa de querer incendiar al país para achacarlo al líder o al partido.

Como son tiempos electorales, todo se usa en contrasentido, y así como se desinfló en su momento al “Diputado Costales”, no dudo que estos “radicales con iniciativa” quieran usarlos para desinflar más a AMLO que a otro candidato, teniendo como gran beneficiaria a Josefina Vázquez Mota.

A mis oídos llegan, por ejemplo, acciones que pretenden hacer organizaciones sociales de las llamadas “globalifóbicas” para tomar la BVM y cerrar avenidas, con el fin de lograr que AMLO regrese al discurso disruptivo de antes. ¿Quién ganará con estas acciones?

Desde aquí pido una disculpa anticipada a Gerardo Fernández Noroña si utilizó el título de esta columna “Síndrome Noroña” para ejemplificar el caso, pero si no quedo claro, es con el fin de que tenga un efecto contrario a lo que sucedió con el caso guerrerense. Ya los lectores y observadores sacarán sus propias conclusiones.

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