22 abril, 2012
* Un recordatorio para las autoridades
Los hechos suscitados, apenas la semana pasada, en la que murió el padre del conductor de un microbús de la empresa Apizaco–Huamantla–Tlaxcala, es un recordatorio para las autoridades del ramo, para meter en cintura a buena parte de permisionarios que violan permanentemente las disposiciones en materia de transporte públicos de pasajeros.
La Secretaría de Comunicaciones y Transportes del Estado (Secte) es la instancia debería aplicar la Ley respectiva para garantizar a los usuarios del transporte público su seguridad e integridad. No obstante, en esa dependencia están más preocupados en sangrar el bolsillo de miles de propietarios de automóviles con el canje de placas, que con regular efectiva y eficientemente a los prestadores de este servicio de primera necesidad.
Es tan fácil comprobar este dicho, como subirse a una combi, un microbús o un autobús, para comprobar que, independientemente de la línea a la que pertenezca y la ruta que cubra, los conductores no respetan las disposiciones de tránsito (ni municipales, ni estatales, ni federales).
Un usuario elegido al azar puede testificar que en más de una ocasión ha tenido la necesidad de transportarse en una unidad del servicio público que es conducida por un menor de edad o por personas que no tienen la pericia suficiente para llevar en sus manos tantas vidas humanas.
Cualquier lector puede darnos testimonios verídicos sobre casos en los que han viajado temerosos de sus integridad física o incluso de su vida, porque en más de una ocasión se han subido a un transporte que “juega carreras” con otro vehículo para ganar el pasaje.
Más de un conductor de vehículo particular puede darnos testimonios de la imprudencia de los choferes del transporte público que no solo provocan caos en calles y carreteras de la entidad, sino que además poco les importan los demás y “echan” sus pesadas unidades contra aquellos que se atreven a urgirlos o reclamarles el problema que provocan.
Y sin embargo, pese a que cientos, quizá miles de tlaxcaltecas coincidan con lo escrito en estas líneas, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes del Estado siga durmiendo el sueño de los justos, con declaraciones “light”, pero no con acciones contundentes y eficientes.
Queda entonces la duda: ¿cuántos muertos más se necesitan para poner un alto a un problema que involucra a personas inocentes?; ¿cuántos accidentes más debemos ver para que la autoridad cumpla con su obligación?
¿Cuántos muertos más, cuántos?