DINASTÍA DIVIDIDA

26 enero, 2012

Por JAVIER CONDE/ CRÓNICA

Joaquín Cisneros Fernández y Lorena Cuéllar Cisneros, integrantes de una de las familias más acaudaladas en Tlaxcala, son dos personajes de la misma casta política, el PRI y que confrontados transitan por los caminos abruptos de la democracia.

Ambos han ocupado diversos cargos de elección popular, han saboreado como dice el escritor mexicano, Carlos Fuentes en su libro La voluntad y la fortuna “ese tigre que es el poder” e incluso han superado momentos de inmenso dolor espiritual.

Y cuando se les pregunta a los dos qué opinan uno del otro evitan responder. Los músculos de la cara de Los Cisneros se fruncen, es el mismísimo tapiz de una ácida ruptura.

Vaya azares del destino, el tío y la sobrina ahora desean ser senadores de la República y también los dos se han quedado a la vera del camino, en su intentona, por ser gobernadores de Tlaxcala como lo fue el jefe de la dinastía, Joaquín Cisneros Molina.

Lorena, la diputada local con licencia arengó este sábado -difícil para ella- que durante 20 años ha dedicado su trabajo, esfuerzo y disciplina por representar con dignidad y de manera sobresaliente al partido donde “milito, el Revolucionario Institucional”.

Casi las mismas palabras las evocó María del Rosario Galván, un controvertido personaje en el libro “La Silla del Águila” del novelista Carlos Fuentes:

“Tengo cuarenta y cinco años y desde los veintidós he organizado mi vida con un sólo propósito: ser política, hacer política, comer política, soñar política, gozar y sufrir política”. Termina la cita.

Y la mujer soñadora, la carismática tlaxcalteca reveló frente a periodistas, en un duro discurso, que se retiraba de la contienda interna para buscar la senaduría porque “en mi partido no existe o no significa nada la preparación, la trayectoria y la disciplina”.

Parece que en ese momento emanaron, estallaron, aparecieron las palabras de la despedida por parte de Lorena; el adiós definitivo a 20 años de militancia en el PRI, en un sábado gris, dificilísimo.

Infinitos contrastes

Dos horas antes de que Joaquín Cisneros se registrara ante la Comisión Nacional de Procesos Internos del PRI, Lorena Cuéllar desistió de su intento por buscar la candidatura al Senado, por el tricolor pues denunció que hubo “línea” para evitar su registro.

Nunca acusó directamente al gobernador Mariano González Zarur, de su molestia, pero en sus palabras llevó implícito el mensaje. Su ciclo dentro del PRI agonizaba lentamente.

Minutos antes Lorena descendió de la segunda planta de su casa, por aquella alfombra color beige. A la mitad de la escalera se acomodó primero el cabello y luego un saco color azul ciclamino para ir a su encuentro con los reporteros.

En una improvisada sala de prensa la exalcalde de Tlaxcala ofreció unos “tamalitos” a los periodistas, después comenzó a leer con voz alta y pausada su enérgico posicionamiento en cuatro cuartillas tamaño carta a doble espacio.

Mientras algunos familiares y parte de la servidumbre prestaron mucha atención a las palabras de la hija de la finada Margarita Cisneros Fernández, quien defendió orgullosa sus ideales. El anuncio no duró más que 15 minutos y evitó hablar de su tío.

Días decisivos

Expresó que vendrían días de reflexión, que en las próximos días daría a conocer un segundo posicionamiento, que ya había recibido  invitación de dirigentes de otros partidos para amarrar una candidatura a la Cámara Alta y que este martes sería clave en su carrera política.

De lo anterior sostuvo que la ciudadanía “ya no cree en lo que decimos y en lo que hacemos los políticos, pues se ha privilegiado a la trampa, al abuso, al engaño; se ha dejado de reconocer la lealtad y el profesionalismo de quien trabaja”.

María del Rosario Galván le dice a Nicolás Valdivia, otro personaje clave en el libro La Silla del Águila en una de sus tantas confesiones:

“Mira considero que la política es la actuación pública de pasiones privadas. Incluyendo, sobre todo, acaso, la pasión amorosa, pero las pasiones son formas arbitrarias de la conducta y la política es una disciplina”.

“Amamos con la máxima libertad que nos es concedida por un universo multitudinario, incierto, azaroso y necesario a la vez, a la caza del poder, compitiendo por una parcela de autoridad”, remata  la propia Galván.

A estas alturas del día, Cuéllar Cisneros acusó que fue un proceso inequitativo y parcial donde se olvidó completamente del único y verdadero propósito democrático que justifica “nuestro quehacer político, el de trabajar para nuestro pueblo”.

En su perorata, cada vez más se asemejaban a las palabras de María del Rosario. Lorena, la tlaxcalteca cuestionó: ¿Dónde está la renovación del partido? ¿Dónde están las oportunidades para los jóvenes? “No podemos vivir con palabras y letras muertas”.

“La hipocresía”…

Galván, una mujer que evoca la sensualidad, el amor y su pasión por la política le dice a Nicolás Valdivia: “Te lo digo a boca de jarro: todo político tiene que ser hipócrita. Para ascender, todo se vale. Pero hay que ser no sólo falso, sino astuto”.

“Todo político asciende con una cauda de desgracias amarradas, como latas de Coca-Cola a la cola de un gato a la vez rebelde y espantado… El gran político es el que llega alto despojándose de amarguras, rencores y malos ratos”.

Y no hay duda, Lorena Cuéllar está ha disgusto con el gobernador, con los priístas mismos, pero sobre todo con su tío Joaquín. Sostuvo que cada día que pasa “estamos lejos muy lejos de tener contiendas imparciales y equitativas”.

Frente a una taza de café estas fueron las últimas palabras de  la priísta, en esa mañana fría de invierno: “finalmente me retiro -del proceso- porque en mi partido no existe o no significada nada la trayectoria, la disciplina que he mantenido en 20 años”.

Después de que terminó la conferencia de prensa, tuvo una breve charla con este periodista. Abundó de todo lo que ocurrió la semana pasada, los últimos minutos dentro del PRI.

Comentó que en su encuentro con el delegado del CEN del PRI, Enrique González -el pasado miércoles- fue duro, fue áspero. “Me soltó a bocajarro que nadie es indispensable en el tricolor, nadie”.

Y con ello quedó implícito que sus horas estaban contadas el PRI.

Lorena Cuéllar pidió otra taza con café y quedó pensativa contemplando aquel enorme cuadro donde está dibujada la montaña La Malinche, en medio de en un verdoso valle tlaxcalteca.  La luchadora social  le arrancó un suspiro a la mañana.

La conversación terminó no sin antes comprometerse Cuéllar Cisneros a dar una entrevista formal a este cronista, una vez que haya decidido reorientar su brújula política. Y ya lo hizo.

Y fue este martes cuando anunció en la ciudad de México, su incorporación al Movimiento Regeneración Nacional (Morena), para caminar al lado de otro expriísta, Andrés Manuel López Obrador.

La otra cara

Mientras que en el PRI sus militantes evocaron el recuerdo de aquellos años mozos, de esa época cuando gobernaron hegemónicamente durante más de 70 años. Aquella, maquinaría perfecta.

En las edificio del Revolucionario Institucional, el rictus se cumplió. Las mismas caras pero en diferentes escenarios.

Entre bombos y platillos, los integrantes de los diversos sectores del PRI, (campesino, obrero y popular) avalaron -por adelantado- la candidatura al Senado de Joaquín Cisneros Fernández y de Anabell Ávalos Zempoaltécatl.

El exalcalde de Tlaxcala minimizó las declaraciones hechas por la mayor de sus sobrinas. Señaló que era respetable su postura.

Y quedó claro, que el molde de la vieja usanza del tricolor, el partido más longevo del país, poco ha cambiado. A estas alturas muchos priístas ya no contaban con Lorena, Lorena se había ido del PRI. Y los priístas calificaron su postura como rebelión.

El verticalismo, el protocolo se cumplió y la familia priísta comenzó a desafiar su propio destino.

Las palabras de unidad del presidente local de la Comisión Nacional de Procesos Internos del PRI, Federico Barbosa Gutiérrez no fraguaron, mucho menos las del delegado quien todavía llamó a Lorena Cuéllar a la cordura, a la suma y no a la resta. Imposible.

La bienvenida

Ayer martes, 25 de enero Manuel Camacho Solís, coordinador nacional del Diálogo Nacional para la Reconstrucción de México (DIA) oficializó la llegada de Lorena Cuéllar:

“Hoy anunciamos una decisión de la mayor trascendencia para Tlaxcala. Está con nosotros nuestra compañera Lorena Cuéllar, ella es la mujer mejor posicionada, incluyendo a los hombres en dicho estado”.

Prosiguió: “ella fue maestra de educación especial, una activista, se ha dedicado toda su vida al trabajo social y ha hecho toda una carrera política en las filas del PRI y como ustedes saben era precandidata y estaba hasta arriba en las encuestas, cuando el PRI estaba seleccionando a su candidato a gobernador”.

“Ella, ha tomado la decisión de que se inscriba su nombre en la encuesta, para competir por la senaduría del Movimiento Progresista, y para nosotros, pues ese es el principio de la recuperación del triunfo de la izquierda en Tlaxcala”, refirió.

Posteriormente, la nieta de don Joaquín Cisneros Molina expresó “el día de hoy he tomado la decisión de ser una candidata externa, una candidata ciudadana por este Movimiento Progresista, por el cual hoy me abre las puertas”.

Y fue la misma nieta del exgobenante tlaxcalteca quien dio fin a esa hegemonía, supremacía priísta que reinó por años dentro de Los Cisneros. Lorena decidió abrir y cerrar un nuevo ciclo en su vida política, ahora al lado de la izquierda.

El periodista brasileño, Alan Riding dice en su libro Vecinos Distantes -Un retrato de los mexicanos- que la caótica historia de la izquierda en este país está reflejada con exactitud en las docenas, literalmente de partidos, movimientos que existen en el país hoy en día.

“Es una historia llena de riñas dogmáticas por minucias ideológicas, fuertes choques  de personalidad, violentas purgas y rebeliones, elitismo intelectual e incluso corrupción y traición”. Y contra ello tendrá que lidiar ahora Lorena Cuéllar.

Mientras que Joaquín Cisneros seguirá siendo fiel al legado que le inculcó su padre, ser priísta toda la vida, ser un soldado más del PRI -como lo expresó algún día Emilio “El Tigre Azcarraga”-, fiel a su conservadurismo y a su vieja doctrina.

Esta es la disputa política de la dinastía cisnerista, que va más allá de ocupar una silla en el Senado de la República. Esto es la lucha por el poder mismo, esto ocurre hasta en las mejores familias.

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