30 enero, 2012
Escribe SAMANTHA CONDE HUERTA
La prostitución es el oficio más antiguo del mundo; consiste en vender “amor” y tiempo a cambio de satisfacciones sexuales, para el hombre, pero ¿solamente las mujeres se prostituyen?
¡No!, aunque sea difícil de creer, los hombres también participan en este tipo de “comercio humano”, aunque, claro, es menos común o sonado.
La mayoría de los hombres que ejercen la prostitución como tal, son menores de treinta años, regularmente de preferencias homosexuales y bajos niveles económicos, además carecen de una buena formación académica, por lo que esta forma de vida les brinda las suficientes oportunidades como para llevar una vida sin complicaciones y de vez en cuando, alguno que otro lujo.
De acuerdo con las investigaciones realizadas en diferentes instituciones públicas y privadas del país, la prostitución se presenta con más frecuencia en las zonas del golfo, el Caribe y el pacífico, donde se encuentran las zonas turísticas más frecuentadas por propios y extraños, fenómeno generado por las agentes mismos del entorno (fiesta, playa). México, es por ello categorizado dentro de los países que presenta mayor índice de prostitución masculina.
Una de las desventajas que tenemos como país, es la cercanía de Estados Unidos y su influencia hacia la “cultura” mexicana, pues cabe mencionar que es este país el principal traficante de personas en todo el mundo, por lo tanto la mayoría de consumidores dentro de México son estadounidenses o canadienses, quienes buscan al típico hombre mexicano (de estatura promedio, moreno, fornido y carismático).
Son muchos los tipos de clientes que tienen estos jóvenes, que van desde los “gays de closet”, los casados que buscan nuevas experiencias y los políticos que ocultan sus verdaderas preferencias sexuales; la prostitución masculina no es una situación reciente, se ha venido dando desde hace ya varios años y son cada vez más los jóvenes que por los diferentes razones personales o contextuales se ven inmersos en este mundo.
Es preciso aclarar, que, los jóvenes que se prostituyen, no todos son homosexuales, pero de alguna forma buscan pagar sus carreras universitarias, olvidando su dignidad y sus valores, dando “amor” a cualquier desconocido como una marioneta sin salida. Y ¿sabemos quiénes son? Pueden ser nuestros hijos, hermanos o amigos.
No podemos identificarlos tan fácilmente pues en ellos no existe la necesidad de mostrar de más sus cuerpos y si lo hacen, para nosotros es un tanto normal esa actitud, pues no pueden hacer más que dejar ver sus torneados brazos.