17 enero, 2012
Por la REDACCIÓN
De 1985 a la fecha, muchas cosas se dicen en nombre de la ciudadanía. Desde los terremotos en la Ciudad de México, la sociedad civil organizada, ha desplegado diversas agendas, dicen, independientes de los partidos políticos tradicionales y del poder político. Hemos visto pasar infinidad de “organizaciones no gubernamentales” defensores de vivienda digna, de derechos humanos, de libertades políticas, de la democratización mexicana, de la libertad de expresión, de los abusos del poder, de derechos indígenas, de las mujeres, de equidad y/o paridad de género, de víctimas de la injusticia y de violencia, entre otras.
Se dicen muchas organizaciones “independientes” pero también quedan en el aire muchos cuestionamientos sobre las formas y origen en que se llegan a financiar y del destino que se hace de dichos recursos. Casos hay muchos donde las organizaciones partidistas globalizadas, de extrema derecha a izquierda, financian dichas organizaciones en México para tener presencia y colocar sus temas de agenda en nuestra propia agenda pública.
Por ello, cuando se habla a nombre de los ciudadanos sin partido, resulta muy cómodo no asumir una posición ideológica clara, porque de este modo pueden crecer más y obtener mayores apoyos económicos y políticos en nombre de la llamada “participación ciudadana”, que en algunos casos resulta buen negocio. Muy pocas organizaciones ciudadanas hablan de frente y con claridad sobre sus verdaderos intereses y objetivos ideológico-políticos; la mayoría los ocultan, porque son políticos con piel de ciudadanos sin partido.
De ahí que varios de estos “ciudadanos” ganen un liderazgo para luego brincar, sin pudor a la palestra política partidista. Bajo el argumento de que no tienen más intereses que el de servir a la sociedad alejada de los partidos y el poder público, que son “muy puros” y honestos, piden el voto y llegan a ganárselo.
Pero la experiencia es que todo es una vil mentira. ¿Saben ustedes quienes son los “candidatos ciudadanos” que ha impulsado el PAN últimamente? Santiago Creel Miranda, académico, consejero ciudadano del IFE, quien subió su popularidad gracias al caso Roberto Madrazo, pues era el encargado de integrar el expediente para su juicio político. ¿Qué pasó con él? Pues un malogrado candidato a jefe de Gobierno del DF y en la Secretaría de Gobernación construyó su precandidatura presidencial a base de corrupción, como el caso de un desvío millonario del FONDEN y la entrega de licencias para casinos de forma indiscriminada.
Juan Molinar Horcasitas es otro ejemplo del académico-investigador de la FES-Acatlán, que de documentar el fraude en Chihuahua, saltó a las simpatías del PAN para hacerlo consejero electoral y luego legislador y funcionario federal, con la carga de los muertos de la guardería ABC y la irregular Licitación 21.
¿Dónde quedaron sus ideales de “ciudadanos”? ¿Fueron menos corruptos que los militantes o resultaron peores?
Y estos son sólo dos ejemplos recientes; si la lista la hiciéramos más larga, no acabaríamos.
“Los políticos están divorciados de los ciudadanos”, dice ahora Isabel Miranda de Wallace; la candidata del PAN al GDF, quien así reviró a las críticas que le hiciera Betriz Paredes: “Qué bueno que carezco de oficio político, así no me contaminaré de la política”, reitera. Pero la señora, ya está en las filas de un partido y que al estar ahí, avala no sólo sus positivos sino también todos sus negativos, que son muchos en casi 12 años de poder presidencial.
La señora Wallace es la primera candidata de las víctimas de la violencia y del crimen organizado en México. Como han apuntado algunos, su objetivo no es ganar la Jefatura de Gobierno del DF sino quitarle más votos al PRI que quiere impulsar a Beatriz Paredes y colocar contra la pared a quien surja de candidato del PRD. En este sentido, la señora sólo es una herramienta del partido en el poder, alguien que se resultar rentable, la impulsarán para otra posición. Pero como suele suceder, sólo mientras sea rentable, porque si no resulta como lo planearon, pues la dejaran morir sola y sin ninguna autoridad moral para exigir cuentas al poder público.
Y es que en nombre de la ciudadanía se dicen tantas cosas, que luego se olvidan a la hora de respetar el mandato de los que dicen representar.
APOSTILLAS: Si la guerra sucia entre los aspirantes del PRD-DF no cesa, si el troleo de los seguidores de Batres y Noroña se mantiene contra los dos punteros, el cochinero de los perredistas tendría una nueva fase de la que deberían avergonzarse porque sólo echan agua al molino ajeno. La confianza de los ciudadanos en su partido también tiene límites y las gubernaturas perdidas son ejemplos tangibles del riesgo. Allá ellos.
alexiabarriossendero@gmail.com