31 enero, 2012
Escribe ALEXIA BARRIOS G.
“Si tú u otros pretenden que el gobierno mexicano, mi gobierno, se quede cruzado de brazos viendo cómo atentan contra los jóvenes de México, viendo cómo secuestran, viendo cómo extorsionan, están muy equivocados”, espetó Felipe Calderón a un joven que lo increpó el día de ayer en Guadalajara.
El domingo anterior, en el municipio de Cutzamala de Pinzón, Guerrero, enclavado en la Tierra Caliente, donde colindan también los estados de Michoacán y de México, un convoy de ocho camionetas integrada por jóvenes aterrorizó a la población al desplegar sus armas de alto poder en pleno boulevard, un grupo bajó a la iglesia católica del lugar y se llevaron a algunas personas.
Hubo enfrentamiento y muertos. Esta región es tradicionalmente violenta, pero desde 2006 no sólo se han incrementado las ejecuciones sino las extorsiones y los actos intimidatorios de sicarios.
Dicho grupo delictivo no es la primera vez que aparece en la región ni en lugares visibles, transitados, amedrentando a la población e inhibiendo todas las actividades cotidianas.
Los han visto en las cabeceras municipales y principales poblados calentanos, que están realmente viviendo en el terror todos los días por la disputa de este grupo que pese a los operativos conjuntos, ni militares ni policías federales logran dar con ellos, simplemente porque no quieren o porque los “aparatos de inteligencia” no quieren dar con ellos.
“Por esa actitud como la tuya o de las que promueven que el gobierno no se meta con los criminales, los criminales se fueron apoderando de grandes poblados y de estados completos”, reiteró Calderón, desconociendo que localidades del Golfo de México, como Veracruz, Tabasco, Chiapas, Campeche y Tamaulipas, desde que llegó su gobierno no sólo han intensificado su presencia sino su predominio.
En varias comunidades se imponen las leyes de los criminales antes que de la autoridad y en el caso de Veracruz, ya hay hasta quienes piden que regresen los “Mata Zetas” para darles tranquilidad.
Si hay esta situación es porque al gobierno federal panista el crimen organizado está cobrando la factura por haber desmantelado los aparatos de inteligencia y la red operativa con que estuvieron funcionando para controlar la violencia, por un lado; y por la otra, porque pese a sus limitaciones, el gobierno mexicano no se había entregado tan gratuitamente a hacerle el trabajo sucio a los Estados Unidos.
Es una paradoja que las ciudades vecinas de Estados Unidos con México sean de las más seguras, mientras que las nuestras sigan envueltas en violencia y sangre todos los días.
“Aquí la ley no es ni del Chapo, ni de los Zetas, ni de los del Golfo; aquí la ley es la que tenemos los mexicanos y no permitiremos que otra ley se imponga sobre la ley de los mexicanos”, insistió Calderón, cuando es del dominio público que si bien se han dado golpes importantes a los grandes capos, los jefes de jefes de los cárteles más poderosos siguen en la plena impunidad.
Calderón está enojado porque su paso a la historia de México será recordado por los miles de muertos, por la dispersión y proliferación de los cárteles, porque en su sexenio el Chapo Guzmán se volvió uno de los más ricos del mundo y El Lazca uno de los más temidos terroristas del orbe, porque su sistema hacendario no ha dado un solo golpe al aparato financiero de los cárteles y porque su gobierno estuvo siempre doblegado al poder fáctico de los grandes empresarios, como se lo hicieron ver al condicionar la integración de su gabinete y de las grandes decisiones que anunciaba y a las cuales claudicó.
Lo preocupante es que Calderón esté enojado y con ese ánimo esté tomando decisiones al calor de su ira; porque acusa sin medir las consecuencias de sus dichos:
“Lo que más quisieran los criminales es que éste fuera un gobierno como el que tú reclamas, un gobierno que no se meta con ellos… A lo mejor viene otro presidente que sí hace exactamente lo que tú quieres, que no se meta. Se va a quedar sentadito, calladito, volteando para otro lado, pero pensar que eso va a acabar con la violencia o con la criminalidad es una ingenuidad”.
Como si cualquiera de los aspirantes presidenciales hayan mencionado o dicho siquiera alguna ingenuidad como la que piensa Calderón, pues nadie en su sano juicio ha afirmado que se habrá de retirar la lucha contra el narcotráfico; lo que sí se ha insistido es que existen otras alternativas, quizá más efectivas y menos sangrientas que las que ha puesto en marcha su gobierno.
Lo que sí debemos hacer es tomarle la palabra y que llegue otro modelo de seguridad, porque el del calderonismo seguirá siendo reprobado como lo es su paso por la historia nacional.
APOSTILLAS: Otra campaña sucia que arrancó es la que despliegan los canales de radio y TV de Azteca y Televisa. Usando las concesiones cuestionan la concentración del mercado de telefonía en manos del Grupo Carso. Argumentan que es competencia desleal, que encarece costos y servicios deficientes.
Es la respuesta a la probable decisión de la Comisión Federal de Competencia que rechazaría la fusión Televisa (Azcárraga Jean) y Iusacell (Salinas Pliego). Claro, nunca se dicen que ambas empresas podrían ceder algunas de las concesiones de televisión que tienen en todo el país, tampoco un compromiso por rechazar la “telebasura”, dejar de usar las pantallas para sus fines personajes y respetar lo que dice la ley en la materia, o bajar los costos de su televisión restringida ni mucho menos que siquiera digan que están dispuestos a aceptar sin chantajes a una tercera cadena nacional de televisión. Nada de eso.
Como tampoco nada de eso se escucha de parte de los partidos, legisladores y candidatos presidenciales. Nadie se quiere pelear con las pantallas de televisión.
alexiabarriossendero@gmail.com