16 enero, 2012
Escribe EDGAR R. CONDE CARMONA
edgarconde@indicemedia.com @su_excelencia (twitter)
Hasta parece burla llamar ciudadano al acto en el que el gobernador Mariano González Zarur rindió su primer informe de gobierno.
¿Qué de ciudadano tiene un acto en el que para entrar había que contar con una muy exclusiva invitación? ¿Qué de ciudadano tiene un festejo en el que las primeras filas estuvieron reservadas para alcaldes, integrantes de organismos autónomos, diputados, magistrados y políticos de toda clase?
El diccionario de la Real Academia Española, define ciudadano como “natural o vecino de una ciudad / perteneciente o relativo a una ciudad o a los ciudadanos / habitantes de las ciudades antiguas o de estados Modernos como sujetos de derechos políticos y que intervienen, ejercitándolos, en el gobierno de un país / hombre bueno / aquel que en el pueblo de su domicilio tenía un estado medio entre el caballero y el trabajador manual”.
Pues en este informe hubo de todo, menos ciudadanos; y los pocos que hubo, fueron relegados a las últimas filas, a la zona exterior del centro de Convenciones. Los lugares de honor, en un “informe ciudadano” estuvieron reservados para ex gobernadores; o para los gobernadores de otros estados o políticos del ámbito nacional.
En medio, los funcionarios de medio pelo, los burócratas afines al régimen, los amigos de los poderosos, pero poco, muy pocos ciudadanos, si consideramos el poco más de un millón de Tlaxcaltecas.
Hasta donde este columnista tiene conocimiento, no hubo una invitación abierta para asistir al informe ciudadano, luego de una modificación constitucional por medio de la cual la Ley obliga a los gobernantes a entregar por escrito su informe al congreso del estado.
Por eso, los ciudadanos de a pie, tuvimos acceso al dichoso informe a través de la radio; algunos a través de la televisión oficial y los menos, por medio de la internet.
Y el informe, nos quedó a deber. En la danza de los números, escuchamos lo que ya habíamos escuchado en otros años, con otros gobernadores; millones de pesos, porcentajes, números de beneficiados, personas atendidas, inversiones, implementación de programas, reorientación de recursos, ejercicio…
Faltó saber qué se ha hecho para cumplir lo prometido; qué pasó con la oferta de castigar las corrupciones del pasado, de convocar, en su toma de protesta, “a partidos políticos, organizaciones y todos los sectores sociales a hacer un buen esfuerzo para fortalecer las instituciones públicas […], para que Tlaxcala emprenda el camino de la justicia por la vía de la democracia y la equidad social”.
Nos quedamos con las ganas de “superar diferencias y construir acuerdos de lo que nos es común, por encima de interese particulares, para hacer de Tlaxcala un estado justo y próspero para los hombres y mujeres de hoy y de mañana”, pues seguimos en un estado polarizado por las tendencias ideológicas.
En fin; ecos del informe ciudadano.