17 diciembre, 2011
Por JAVIER CONDE
El caos, el desconcierto se adueñó de las colonias El Arenal y San Damián. Era impactante que un río llevara fuego y no agua. Era asombroso observar personas calcinadas, vehículos y casas-habitación reducidas a chatarra y escombros. Tal parecía que un jinete del Apocalipsis, el de la muerte, había cabalgado en su pálido corcel.
Impensable que esto pasara en San Martín Texmelucan, un municipio próspero del estado de Puebla. Esto fue lo que mis ojos vieron, en este domingo negro, donde los gritos de pánico, de sufrimiento y de un profundo dolor no dejaron de cesar cada instante. Aquí nada volverá a ser igual.
En ese sitio privó el pánico, la incertidumbre cuando el cielo se tiñó de rojo, cuando una explosión en un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex), se convirtió en una muralla de fuego que arrasó -en segundos- con la vida de 28 personas, que cambió el destino de 54 más y que llenó de luto a la sociedad.
Y es que un estruendo, en medio del alba cimbró a la población entera, pero lo trágico sucedió en la calle Camino Antiguo de San Damián, donde el combustóleo se transformó en un dragón de fuego. Sí, en un monstruo de mil cabezas, devastador aquél y que no tuvo piedad de nadie.
A varios kilómetros de Texmelucan, era visible una nube oscura, como si un volcán hubiera despertado enfurecido. Las llamas, alcanzaron los veinte metros de altura.
Nota: Este lunes busca la edición especial a un año de lo que ocurrió en este pueblo que aún está de luto.
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