19 diciembre, 2011
Hoy las víctimas de San Martín, son semillas.
Por JAVIER CONDE/ REPORTE ESPECIAL
Esta es la evocación de un negro domingo. A las 07:00 de la mañana, el viento pareció más frío y trajo consigo aquellos fatídicos recuerdos. Sí de aquel imborrable 19 de diciembre, día en que el rumbo de la vida cambió para los habitantes de San Martín Texmelucan, que aún le lloran a sus muertos.
A un año de la tragedia que generó el deceso 32 personas, derivado de la explosión de un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex), los familiares arrastran aquel espectro del sobrecogimiento. Aquella sombra del susto y del drama puro. Y más allá de que hoy floreciera una sonrisa el dolor se encargó de impedirlo.
Y sobre el piso quedaron las blanquísimas veladoras, las tersas flores, el agobiante llanto y el indestructible sufrimiento de ese negro domingo, negrísimo donde el fuego rabioso acabó con la vida de hombres y mujeres, de niñas y niños. La ecología sufrió daños y de esos ya nadie se acuerda.
Hoy en las colonias El Arenal y San Damián, lugar de la tragedia se ondeó una bandera a media asta y esa calle donde el fuego devoró todo a su pasó nada volvió a ser igual. Los recuerdos se quedaron aquí sepultados. Aquí, perdura un rostro severo, el de la impotencia, el de los desplazados, el de las preguntas sin respuestas.
Y en efecto, como lo escribió hace un año este periodista era impactante ver que un río llevara fuego y no agua. Era asombroso observar personas calcinadas, vehículos y casas-habitación reducidas a chatarra y escombros. Tal parecía que un jinete del Apocalipsis, el de la muerte, había cabalgado en su pálido corcel.
Volviendo los ojos al origen
Ese día del año 2010, el pánico se apoderó de la razón. Las lágrimas cristalinas sobre los rostros llenos de pavura eran interminables por doquier. Los vivos reclamaban a sus muertos. Los que habían perdido todo, absolutamente todo, lo único que les quedaba era su existencia.
Caminar por esas calles que dejaron de ser calles, se transpira aún el recuerdo, el de la destrucción. Cómo imaginar que dos niños quedaran calcinados y abrazados como antes de que el fuego los atrapara dentro de su hogar. Y cómo interpretar tantas y tantas historias que generó este fatal evento. ¿Cómo?
A doce meses de la tragedia, nuevamente surgió el último adiós. Fue fatal, doloroso, estremecedor observar a los familiares de las víctimas. Y los ahí presentes rememoraron aquel día en que llegaba el momento de la separación. Hoy aquellas paredes derruidas y lo que fue algún día la calle Camino Antigua, son cosa del pasado.
Y los discursos oficiales no llenaron ni llenarán aquel hueco que dejó la fuga de combustóleo en un ducto de Pemex. La guerra de noticias que surgió aquel día siempre tendrá sus interrogantes, pero lo principal es que la desinformación fue avasalladora derivado de la irresponsabilidad de una autoridad.
Un letrero grabado
En letrero blanco quedaron escritos los nombres de cada una de las personas que murieron, quedaron asentados con letras negras quienes murieron en medio de ese fuego picante y destructor, pero en el lugar más recóndito del corazón de los familiares y de un pueblo quedó para siempre grabado este negro, negrísimo día.
Y justo hoy, en punto de las 7:00 de la mañana, nuevamente las lágrimas resbalaban sobre las mejillas, así lo registraba la prensa. Eran las 7:00 de la mañana, hora de la tragedia y el sol brillaba en todo lo alto, pero soplaba un viento frío, muy frío y se escuchaban los sollozos en señal de un eterno luto que apenas comienza.
El llanto, la congoja, las cruces color blanco aparecieron en aquella explanada que albergó en su momento a decenas de casas que fueron demolidas. Y desde ayer domingo comenzaron a parecer las flores. También surgieron las voces en susurros que oraban por el eterno descanso de los muertos. El siseo de las cámaras fotográficas nunca cesó.
Ahí, en el seno de la tierra, quedaron los recuerdos de ese domingo, negro, negrísimo Y hace un año, 32 víctimas de este mortal accidente iban al encuentro con la tierra como semillas, sí aquellas semillas que brotarán relucientes algún día, sí algún día. Esto es la Zona Cero.