TÍTERES

13 junio, 2011

* Los comparsas del gobernador

El pleito de lavadero que motivó una acalorada aprobación del Plan Estatal de Desarrollo 2011-2016 evidencia que, contrario a lo que señala el discurso de los políticos, el viejo estilo de hacer política no se ha ido de Tlaxcala: no se han acabado los cacicazgos y estamos lejos de tener verdaderos representantes populares en el Congreso del Estado.

Verdadera lástima causa saber que, a propósito de la aprobación del documento que regirá las acciones gubernamentales durante los próximos seis años, los representantes del Congreso Local dejaron constancia de su sectarismo retrógrada, en el nombre de la democracia.

Y es que las mutuas acusaciones que se hicieron entre sí, envalentonados más que azuzados por supuestos principios ideológicos, los señores diputados, fingidos representantes sociales, hipócritas profesionales, ponen en riesgo el desarrollo de una entidad hambrienta de superar el atraso en que nos ha sumido la presumida pero fallida alternancia política de los últimos doce años.

Los brillantes legisladores dieron muestra de que ni en el poder ni fuera del poder son capaces de trabajar por un objetivo común para resolver y atender las exigencias de la sociedad, pero sobre todo demostraron que son incapaces de trabajar por aquellos a quienes dicen representar.

Es cierto que el PED puede carecer de fundamento metodológico; es cierto que  puede no contar con elementos que permitan dar un seguimiento puntual y evaluar los logros propuestos-

Es cierto que dicho documento sea una copia de planes de desarrollo de otras entidades; todo es muy cierto, pero también es cierto que  las enmiendas no necesariamente se logran con la descalificación, con la denostación, con el enfrentamiento.

Como cierto es que, desde el PAN o el PAC, por ejemplo, los ocho legisladores que votaron en contra de la aprobación del Plan Estatal de Desarrollo 2011-2016, son fieles emisarios (patéticos marionetas), voraces testaferros de un ex mandatario que se niega a perder cotos de poder y que pretende seguir influyendo en las decisiones políticas para continuar viviendo del presupuesto.

Igual certeza tenemos que, en el PRI, también hay quienes obedecen fieles a las instrucciones de otros y que demuestran que el poder lo emplean para sus fines personales, no para atender el reclamo ciudadano. En suma, las mismas prácticas, la misma ausencia de ética, el mismo descaro con el que actúan “en nombre del pueblo”.

Quien dude de ello, basta recordar lo que se vivió en el Palacio Legislativo durante la sesión cuestionada: Eladia Torres acusó cabildeo en los “oscurito” y la respuesta del priísta Víctor Morales Acoltzi fue emblemática: [durante el sexenio pasado hubo cañonazos de hasta 200 mil pesos para comprar la voluntad y el voto de los diputados]; “no necesito decir nombres porque tú sabes de dónde venían y que en algunos casos se convirtieron en apoyos mensuales para los diputados”.

Y si saben nombres, ¿por qué se los callan?; si saben nombres ¿qué pretenden ocultar al decir el pecado pero no mostrar al pecador?; si saben nombres, ¿por qué no actúan y aplican la ley?…

Sí. Saben nombres, pero se callan con la misma hipocresía que les da saberse parte de un juego en que no son jugadores, sino marionetas de los creadores de este juego.

Pobre nuestro abatido y retrasado estado, cuando sus Legisladores, en vez de crear el respaldo legal que permita gobernabilidad, certeza, desarrollo, se ponen a ver la paja en el ojo ajeno, como el caso del excelso diputado Justo Lozano Tovar (cuñado del exmandatario tlaxcalteca) cuando dijo:

“Se trata de una visión patrimonialista, sin percepción ciudadana”, frase que si queda descontextualizada (de la sesión del Congreso en que se usó) puede aplicar perfectamente al actuar ominoso del gobierno panista de Héctor Ortiz.

Urge que los integrantes del Poder Legislativo asuman un actuar responsable, ético, de cara a la ciudadanía, y dejen de ser los títeres de una obra mal puesta llamada revanchismo.

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