20 junio, 2011
Por TZUYUKI ROMERO
El calor sube de pronto y no sé qué hacer. Son las 4:30, no hay nadie en casa. Compras y oficina, las actividades vespertinas de mis padres. Mamá llegará en dos horas, puede que tres. Tal vez se encontró a alguna amiga y están comiendo gente sentadas plácidamente en algún café. Mi padre llega a las 8:30, él sí trabaja y me lo champa siempre: “Eres un junior, un mantenido buenoparanada”. Soy, simplemente, lo que han hecho de mí.
Subo a mi cuarto y me cambio los zapatos y la playera. Bajo con ansiedad las escaleras. Empiezo a sentirme extraño. No hay nada que hacer. El televisor ofrece los mismos programas de siempre. Voy a la computadora sin deseos de navegar por la red pero a fin de cuentas, me conecto. Nada interesante. Las mismas sandeces de siempre.
Me desconecto.Voy al librero de papá, urgo por ahí, sintiendo que estoy en terrenos prohibidos. Él siempre tan ordenado, tan pulcro y recto. Cómo le encabrona que busque en sus cosas. Me siento nervioso. Devedés.
Presentía que guardaba algo interesante. Localizo un cidi que llama mi atención por el rótulo que tiene escrito “Gina”, lo saco de su caja y me voy rápidamente al cuarto de la televisión, meto la cinta en el reproductor, me siento en el sillón caro que escogió mamá en combinación con el resto de la decoración de esta parte de la casa.
Al principio, oscuro total. Después veo lo que parece ser el techo de un cuarto. Luego, una de las paredes de la habitación en donde hay una ventana de regular tamaño. Al otro lado alcanzan a verse algunas plantas pequeñas. Ahora, hacia la izquierda, observo un pedazo de alfombra y una mujer recostada en una cama. La mujer sonríe un poco.
Tiene puesto un coordinado de lencería barata en color azul eléctrico adornado por la orilla con un tieso encaje negro. Es morena, gruesa, con unos ojillos de rendija y pies grandes. La toma se abre y deja ver que la mujer recostada se acomoda la parte baja del coordinado, veo su espeso vello púbico. En el buró hay ropa mal acomodada y una botella de Viña.
El camarógrafo vuelve a hacer un paneo y nuevamente se aparece la ventana de hace rato, la pared y después, una gran luna perteneciente a un tocador simple pintado en color blanco. En el espejo la mujer acaricia con uno de sus pies desnudos la espalda del hombre que está grabando.
Él murmura algo que no alcanzo a oír. Ella se ríe y luego vuelve a hacer caricias con su pie. Esta vez se estira un poco más para alcanzar la entrepierna del hombre hincado de espaldas a ella y que tiene la lente de la cámara fija en la luna del tocador. Me excito.
Un corte, la toma se mueve demasiado. La mujer aparece sobre la cama, dispuesta a tragarse la verga que tiene frente a ella. A pesar del pulso tembloroso la escena es notable. Ella engulle con maestría.
Otro corte. Ahora el trasero de la mujer. El camarógrafo se acerca a ella por atrás, le abre las nalgas con una mano y de un solo golpe la penetra. Estoy a punto de venirme pero con cierta desazón. La escena se repite varias veces antes de que el video acabe: las nalgas de la mujer, la mano de mi padre y su pene introduciéndose de golpe.